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La nieve comienza a cubrir el suelo en el Jardín Norte de la Casa Blanca, en Washington DC, el 7 de enero de 2017

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La Casa Blanca, la tradicional residencia presidencial y sede del Gobierno estadounidense, pasará por cambios importantes con la llegada del nuevo mandatario, Donald Trump, aunque no le añadan salones con techo y paredes doradas.

- Personalidad -

Franklin D. Roosevelt tenía su rincón favorito para transmitir sus mensajes a las familias estadounidenses entre 1933 y 1944, John Kennedy utilizó como pocos el entonces novedoso poder de la televisión y Barack Obama encontró muy pocos problemas que no pudiera resolver con un buen discurso.

En tanto, a Donald Trump le gusta Twitter. Y le gusta mucho (aunque él lo niegue). Y es poco probable que eso cambie cuando esté en la Casa Blanca.

Sus asistentes más próximos admiten que no saben con anticipación cuándo el jefe soltará uno de sus torpedos de 140 caracteres.

- Escape de la Casa Blanca -

"No sé si es la más fabulosa casa de EEUU o la corona de nuestro sistema carcelario", dijo una vez el presidente Bill Clinton sobre la vida dentro de la Casa Blanca.

Obviamente, la presidencia tiene sus lados buenos, como viajar a bordo de 'La Bestia' (el automóvil presidencial) o que el Air Force One despegue minutos después de que el mandatario suba al avión.

Sin embargo, cada trayecto de un presidente moderno es una enorme operación militar que requiere una legión de agentes del servicio secreto, médicos, francotiradores, especialistas antibombas, especialistas contra radiación y otros.

Por su experiencia y su estilo de vida, es posible que Trump esté mejor preparado que mucho de sus antecesores a ese tipo de vida, pero aún así habrá momentos en los que querrá salirse de esa burbuja.

Trump podrá elegir usar su propio apartamento en Nueva York, pero con aviones que pasan constantemente por las proximidades del edificio y sin un perímetro de seguridad, lo que representa una pesadilla para los servicios secretos. Algunos asesores indican que Trump elegirá como escapada su lujoso club Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida.

- Oficina influyente -

La esposa del presidente Jimmy Carter, Rosalynn, participaba en reuniones del gabinete, Eleanor Roosevelt ofrecía ruedas de prensa, Hillary Clinton intentó conducir una reforma del sistema de salud desde la famosa Ala Oeste de la Casa Blanca y Michelle Obama se convirtió en un modelo para las generaciones más jóvenes.

Melania Trump no parece inclinada a tener una presencia política como primera dama, hasta el punto de que ni siquiera promete una presencia permanente en la Casa Blanca. Trump ya indicó que Melania y Barron, el hijo de ambos de 10 años, permanecerán en Nueva York, de momento, por cuestiones escolares.

Sin embargo, con Ivanka Trump se podría presenciar una historia diferente. La empresaria de 35 años, así como su marido, Jared Kushner, parecen destinados a tener presencia política en las oficinas de la Casa Blanca.

Ivanka ha sido una presencia casi constante junto a su padre y Kushner ha sido formalmente nombrado "asesor especial del presidente", de forma que trabajará junto al jefe de Gabinete, Reince Priebus, y el asesor de estrategia Stephen Bannon.

Prácticamente no hay precedentes de hijos de presidentes con un papel formal en la Casa Blanca, en parte por las leyes sobre nepotismo. En realidad, el último caso conocido es el de John Quincy Adams, hijo del presidente John Adams (segundo presidente en la historia del país, 1797-1801). John Quincy Adams sirvió como emisario de su padre en Prusia, antes de él mismo se convirtiera en presidente en 1825.

- El cuarto poder -

Obama no mantiene una mala relación con los medios y tolera su cambiante atención, pero Trump tiene una relación de amor y odio con la prensa, a la que corteja con frecuencia pero también critica por considerar que tiene prejuicios contra él.

Las críticas de Trump a la prensa han sido adoptadas con entusiasmo por sus seguidores, para quienes los "medios dominantes" son poco más que el brazo activo de la "élite" progresista.

El equipo de Trump ha adelantado que difícilmente el tono del magnate con la prensa cambiará con él en el Salón Oval y que nada será igual para la prensa. Sus asistentes incluso sugirieron que las ruedas de prensa diarias del portavoz podrían ser una cosa del pasado, y que el cuerpo de periodistas podría ser desalojado de las oficinas que ocupan actualmente.

AFP