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El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, hablando con el ministro italiano de Asuntos Exteriores, Paolo Gentiloni, en la sede ministerial en Roma, el 13 de diciembre de 2015

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Italia y Estados Unidos presiden este domingo en Roma una conferencia internacional de un día para intentar que las principales facciones políticas que emergen en el caos libio apliquen rápidamente un acuerdo negociado difícilmente bajo los auspicios de la ONU.

Las potencias occidentales desean que un gobierno de unión tome las riendas del país para frenar el avance de la organización Estado Islámico (EI) y su desarrollo a partir de su feudo de Sirta, además de combatir las redes de traficantes que todos los meses mandan a Italia a miles de migrantes en condiciones infrahumanas.

Las críticas del acuerdo, sin embargo, advierten de que todo intento de precipitar el proceso de reconciliación puede muy aumentar las resistencias expresadas desde el anuncio del acuerdo en octubre y acentuar las líneas de fracciones en el seno del país sumido en el caos desde la caída de Muammar Gadafi.

La reunión se desarrolla en el ministerio italiano de Asuntos Exteriores, donde el ministro Paolo Gentilonio recibió poco después de las 10h00 (09h00 GMT) a su homólogo estadounidense, John Kerry, y al enviado de la ONU para Libia, Martin Kobler.

Representantes de 18 países europeos y árabes estaban presentes, como el viceministro ruso de Asuntos Exteriores, Guennadi Gatilov, y el francés Harlem Désir. Además, los representantes de diversas facciones rivales libias deben unirse a ellos por la tarde. "Debemos mostrar que la acción de los gobiernos y la diplomacia puede ser más rápida que la amenaza del terrorismo", declaró el sábado el ministro italiano.

Después del compromiso suscrito el viernes en Túnez por delegaciones de los dos Parlamentos rivales -el de Tobruk (este), reconocido por la comunidad internacional, y el de Trípoli- de firmar el miércoles el acuerdo apoyado por la ONU, la reunión de este domingo está destinada sobre todo a mostrar la solidaridad internacional. Todo ello debería dar "un marco y un impulso a la ceremonia de firma", que debería tener lugar en Marruecos, explica Gentiloni.

Ahora bien, en Túnez las delegaciones no pudieron prometer que sus respectivos Parlamentos ratificarían el acuerdo después de esta ceremonia.

- 'Una apuesta irresponsable' -

Para algunos observadores, la firma de este acuerdo obtenido con fórceps pasando por una mediación extranjera sigue siendo "una apuesta irresponsable", como denunciaron Emma Bonino, exministra italiana de Relaciones Extranjeras, y el alto diplomático francés Jean-Marie Guéhenno en la revista Politico.

El acuerdo de octubre prevé que alguien relativamente desconocido, Faez Serraj, asuma la dirección de un consejo presidencial de nueve miembros, pero estos dos especialistas de la diplomacia, resulta "muy improbable" que se den las condiciones de seguridad para que el consejo asuma en Trípoli.

"Esto significa que no tendrán ningún control sobre la administración de Estado, en particular el banco central. Esto podría relanzar los combates por el control de la capital", mientras que todo intento de restaurar la autoridad de Trípoli puede alimentar las ínfulas secesionistas en el oriente, advirtieron.

Cientos de manifestantes se congregaron la tarde del viernes en la plaza principal de Trípoli enarbolando banderas libias y llamando a rechazar el acuerdo.

Según fuentes europeas y estadounidenses, el objetivo es formar un gobierno de unión los 40 días siguientes a la firma del miércoles para no incurrir en sanciones de la ONU a las partes recalcitrantes.

Por el contrario, si el acuerdo dura, el Gobierno de unión podrá obtener armas y hasta un apoyo militar internacional para sentar su autoridad, combatir el terrorismo y luchar contra inmigración clandestina, explicó un responsable estadounidense.

La presencia de varios miles de combatientes de EI en la zona costera de Sirta inquieta mucho en el mundo, y más cuando responsables locales hablan también de cientos de yihadistas extranjeros -tunecinos, sudaneses, yemeníes o nigerianos de Boko Haram - que acuden para formarse antes de ir a golpear a otros lugares.

Italia, antigua potencia colonial, está dispuesta desde hace meses a liderar una eventual intervención militar, pero exige el acuerdo de un Gobierno reconocido y un mandato preciso de la ONU.

AFP