El enfrentamiento entre la calle y el poder se prolonga el sábado en el Líbano, con el riesgo de que la actitud amenazadora del poderoso Hezbolá proiraní haga retroceder el pedido de los manifestantes de que el régimen deje el poder.

La principal carretera que une la capital con el resto del país sigue bloqueada. La policía antidisturbios observa, en silencio.

Decenas de miembros de Hezbolá atacaron el viernes a los manifestantes reunidos en el corazón de Beirut. Los enfrentamientos causaron varios heridos leves y obligaron a la policía antidisturbios a intervenir.

Desde el inicio de este movimiento popular inédito, el 17 de octubre, los manifestantes han expresado su ira por vivir en un país donde el agua, la electricidad y la atención médica gratuita no están garantizados 30 años después del final de la guerra civil.

La clase política, casi sin cambios desde entonces, decide el destino de un Estado en decadencia clasificado entre los más corruptos del planeta.

Han aparecido llamadas en las redes sociales para organizar el domingo una cadena humana gigante que recorrería toda la costa libanesa, de Trípoli a Tiro, a lo largo de 170 km. Esto implicaría la movilización de al menos 100.000 personas, según las estimaciones.

Según la prensa, las negociaciones para una simple reorganización ministerial están paralizadas.

El ejército, que es la única institución que ha sobrevivido al desprecio general de la población, desempeña ahora un papel clave. Los soldados intentaron levantar las barricadas, pero al final fraternizaron con los manifestantes que les ofrecían flores.

Neuer Inhalt

Horizontal Line


Instagram

Síganos en Instagram

Síganos en Instagram

subscription form

Formulario para abonarse al Newsletter de swissinfo

Regístrese para recibir en su correo electrónico nuestro boletín semanal con una selección de los artículos más interesantes