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Unos turistas dirigen la mirada a Corea del Norte con unos prismáticos el 8 de enero de 2016 desde un puesto de observación en Paju, en Corea del Sur

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Corea del Sur ha reanudado este viernes la difusión de mensajes propagandísticos en la frontera con Corea del Norte como respuesta a la última prueba nuclear de Pyongyang, mientras Washington exige mayor firmeza a Pekín frente a su vecino y aliado.

La comunidad internacional sigue buscando la mejor respuesta al desafío lanzado el miércoles por Corea del Norte, quien anunció haber completado con éxito el ensayo de una bomba de hidrógeno.

A la espera de que lleguen las represalias diplomáticas, Seúl volvió a encender este viernes a mediodía unos potentes altavoces situados en la frontera fuertemente militarizada entre ambos países. A través de ellos difunde un ecléctico programa de música pop, boletines meteorológicos, informaciones o críticas del régimen norcoreano, un método que puede parecer anticuado pero que se ha mostrado muy eficaz.

Esta táctica de guerra psicológica se remonta a los años de guerra abierta entre los dos bandos (1950-53), cuando unas unidades móviles equipadas con altavoces se desplazaban a lo largo de una línea de frente extremadamente inestable.

El verano pasado, en un contexto de vivas tensiones intercoreanas, estos mensajes de propaganda enfurecieron a Pyongyang, que llegó a amenazar con acallarlos recurriendo a la artillería. Al final, Seúl los desconectó, en el marco de un acuerdo a finales de agosto que permitió frenar una escalada peligrosa que amenazaba con degenerar en conflicto armado.

- La influencia china -

El anuncio de una nueva prueba nuclear suscitó una cascada de condenas internacionales, aunque la mayoría de los expertos dudan de que se haya tratado de una bomba de hidrógeno, como pretende Pyongyang.

Tras una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, se han lanzado numerosas consultas diplomáticas. En la reunión, se prometió intensificar el arsenal de sanciones que ya se aplican a Corea del Norte por sus pruebas nucleares precedentes (2006, 2009 y 2013).

La atención se centra sobre todo en el principal aliado de Pyongyang, China, que condena el ensayo nuclear pero no se ha mostrado dispuesta hasta ahora a aprobar un endurecimiento importante de las sanciones contra Corea del Norte. En opinión de los especialistas, no obstante, la capacidad de acción de Pekín es limitada por el miedo a un eventual hundimiento del régimen norcoreano que diera lugar a una Corea reunificada apoyada por Estados Unidos.

China, que tiene derecho de veto en la ONU, presiona para limitar la magnitud de las sanciones, aunque su impaciencia aumenta con la repetida negativa de Corea del Norte de abandonar su programa nuclear. El secretario de Estado estadounidense, John Kerry, criticó el jueves la estrategia china, señalando que el enfoque 'prudente' de Pekín no ha dado frutos.

El presidente estadounidense, Barack Obama, se entrevistó el jueves con los dirigentes de dos de sus principales aliados en la región, Corea del Sur y Japón. Los tres países acordaron trabajar de forma conjunta en la ONU para obtener una resolución firme contra Pyongyang por parte del Consejo de Seguridad, y Japón no excluyó medidas unilaterales.

Corea del Norte ha permanecido prácticamente muda tras anunciar su entrada en las filas de "los Estados nucleares avanzados".

La adquisición de una bomba H operativa, mucho más potente que la bomba atómica ordinaria, sería un gran avance para el país, pero los expertos del sector se muestran escépticos, al considerar que los datos sismológicos sugerían una explosión considerablemente menos fuerte de lo que se esperaría de un ensayo de bomba de hidrógeno.

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AFP