Corea del Sur suspendió este viernes, in extremis, su decisión de romper un acuerdo para compartir información militar con Japón, un gesto que debería aliviar a Estados Unidos, preocupado por las disensiones entre esos dos aliados clave para la seguridad en el este de Asia.

"El gobierno japonés afirmó comprender", declaró Kim You-geun, un responsable de seguridad nacional del gobierno surcoreano, indicando que el acuerdo, conocido como GSOMIA, no se rompería a medianoche.

El GSOMIA, firmado en 2016, permitía a esos dos aliados de Estados Unidos compartir secretos militares, sobre todo en cuanto a las capacidades nucleares y de misiles de la vecina Corea del Norte.

"En el tratamiento de la cuestión norcoreana, la cooperación entre Japón y Corea del Sur y entre Japón, Estados Unidos y Corea del Sur es extremadamente importante. Ya lo dije muchas veces. Creo que Corea del Sur tomó esta decisión desde un punto de vista estratégico", declaró el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

En un contexto de tensiones diplomáticas y comerciales con Japón, Corea del Sur anunció a finales de agosto que pensaba romper el GSOMIA, lo que generó protestas en Tokio y Washington.

En aquel momento, el Pentágono se había declarado "muy preocupado y decepcionado" en aquel entonces, e instó a ambas partes a "mantener el diálogo".

Pero este viernes, tras el anuncio, un portavoz del Departamento de Estado afirmó en Washington que la decisión "envía un mensaje positivo de que aliados que piensan parecidos pueden superar diferendos bilaterales".

"Animamos a Corea del Sur y Japón a continuar con sus discusiones sinceras para encontrar una solución duradera", agregó.

Renunciar a ese pacto habría sido "un terrible revés para uno de los pilares de la seguridad del Este de Asia, establecido por Japón, Corea del Sur y Estados Unidos", declaró por su parte Kenichiro Sasae, exresponsable del ministerio japonés de Relaciones Exteriores y embajador en Estados Unidos.

Las relaciones entre Tokio y Seúl han ido empeorando durante décadas por varias disputas heredadas de la época en que la península coreana era una colonia japonesa (1910-1945).

La tensión se acentuó todavía más este año después de que tribunales surcoreanos exigieran a empresas japonesas que indemnicen a los surcoreanos que fueron forzados a trabajar en sus fábricas durante la ocupación japonesa, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Para Japón, un tratado cerrado en 1965 para normalizar las relaciones entre ambos países debía atajar cualquier demanda de reparación o indemnización por las atrocidades cometidas por el ejército imperial.

Este verano, el gobierno nipón decidió eliminar a Corea del Sur de una lista de Estaos considerados como socios comerciales privilegiados, lo que Seúl interpretó como un castigo, por lo que hizo lo propio con Tokio.

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