Contenido externo

El siguiente contenido proviene de socios externos. No podemos garantizar al usuario el acceso a todos los contenidos.

El presidente de Francia François Hollande se saluda con el líder del partido de derecha Los Republicanos Nicolas Sarkozy a la entrada del Palacio de los Eliseos, en París, el 15 de noviembre de 2015.

(afp_tickers)

El líder de derecha Nicolas Sarkozy hizo añicos este domingo la unidad nacional deseada por el presidente François Hollande tras los peores atentados cometidos en Francia, al llamar a un cambio "drástico" en la política de seguridad del país.

Asimismo, Hollande recibió más tarde a la líder da la ultraderecha (Frente Nacional), Marine Le Pen, quien pidió "decisiones firmes".

Por su parte, el ex presidente derrotado en 2012, hoy presidente del partido Los Republicanos, había sido el primer dirigente en ser recibido este domingo por Hollande, en el primero de tres días de duelo nacional en homenaje a las víctimas de los atentados.

El presidente socialista recibió a lo largo de la jornada a todos los jefes de los partidos representados en el Parlamento, antes de expresarse ante los legisladores reunidos en Congreso (ambas cámaras) en Versalles el lunes. Un procedimiento muy poco frecuente en la vida política francesa, justificado según él por la necesidad de "unidad" y "reunión" tras lo ataques.

Sobre la prolongación del estado de urgencia de 12 días a tres meses, solicitada por Hollande, Le Pen dijo: "Estamos de acuerdo sobre el principio". Para destacar que esta prolongación "sirva para desarmar a (la gente de) los suburbios, allanar inmuebles, buscar las armas que ya pululaban durante el mandato de Nicolas Sarkozy -quien no mantuvo su promesa (al respeto) de la época- y que continúan pululando".

Le Pen pidió "decisiones firmes", porque la "unidad nacional" requiere "acciones" para "la seguridad de los franceses".

El viernes, Hollande había declarado: "Lo que defendemos, es nuestra patria, pero es mucho más que eso. Son los valores de humanidad. Francia sabrá asumir sus responsabilidades y por eso los llamo a esa unidad indispensable", al denunciar un "acto de guerra" cometido por "el ejército terrorista" de Dáesh, acrónimo en árabe del Estado Islámico (EI).

En enero, los ataques contra el semanario Charlie Hebdo y un supermercado kósher (17 muertos), habían generado una unidad política --breve pero casi total-- y manifestaciones de solidaridad en todo el país.

Sin embargo, al salir de su entrevista con el presidente socialista, el tono de Sarkozy fue muy crítico. "Le dije al presidente Hollande que me parecía que debemos construir respuestas adaptadas, lo cual significa una inflexión de nuestra política exterior, de las decisiones en el plano europeo y drásticas modificaciones de nuestra política de seguridad", declaró.

También reclamó "una nueva política migratoria" europea, a pesar de que, agregó "no hay vínculo" con los atentados.

Asimismo, demandó que todas las personas señaladas como radicalizadas (inscritas en el fichero S) sean puestas bajo "arresto domiciliario" con "un brazalete electrónico".

Según el politólogo Jérôme Sainte-Marie, François Hollande no puede contar con el respaldo casi incondicional expresado tras la primera ola de atentados de enero pasado.

En diez meses, el contexto político ha cambiado. Tras meses de bombardeos en Irak y Siria, la coalición internacional fracasó en hacer retroceder al EI, y la oposición francesa llama a una acción de mayor amplitud, coordinada con Rusia. Algunos sugieren incluso hacerlo con Bashar al Asad.

Y a un año y medio de la elección presidencial de 2017, los partidos están en campaña para las elecciones regionales de diciembre, que se anuncia como una debacle para el oficialismo socialista.

- 'Ir más lejos' -

En enero, la popularidad del jefe de Estado, que estaba por el suelo, conoció una espectacular recuperación, antes de volver a caer al nivel actual en que menos de uno de cada tres franceses tiene de él una opinión favorable.

Esta vez, "tras un inmediato reflejo de solidaridad de la opinión", el presidente corre el riesgo de padecer "un efecto adverso muy doloroso", estima Sainte-Marie.

"La repetición de los hechos puede llevar a una reflexión política de las decisiones del gobierno, y generar críticas. Por un lado acerca de la eficacia de la prevención, la cuestión de la seguridad, pero también en el frente diplomático, saber si las decisiones de Francia en la materia son las correctas".

Crítico acerca de la estrategia de Hollande en Siria, Sarkozy lo había llamado a "trabajar" con Rusia, considerada como un factor inevitable en toda solución a la crisis, al precio de renunciar a exigir la salida del poder de Bashar al Asad como precondición absoluta.

El ex primer ministro Alain Juppé, según todas las encuestas favorito de los franceses entre los candidatos potenciales de la derecha a la presidencia en 2017 y que enfrentará a Sarkozy en una primaria el año próximo, también consideró "indispensable clarificar los objetivos de la coalición internacional (en Siria) que hoy en día no es eficaz".

"Yo estaba en línea con el Gobierno: ni Daesh ni Bashar. Hoy se han establecido jerarquías, hay prioridades, es necesario aplastar a Daesh", dijo Juppé.

AFP