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Unos refugiados rohinyás desembarcan de un bote en Teknaf, Bangladés, tras cruzar la frontera de Birmania, el 14 de septiembre de 2017

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La presión internacional creció este jueves sobre Birmania ante la degradación de la situación humanitaria en Bangladés, donde llegaron cerca de 390.000 miembros de la minoría musulmana rohinyá que huían de la violencia en el oeste birmano.

La "persecución" del ejército birmano contra los rohinyás es "inaceptable", declaró este jueves el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, en Londres. "Muchos la han descrito como limpieza étnica", dijo durante una rueda de prensa con su homólogo británico, Boris Johnson.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se sumó a las críticas. "Lo que ocurre en Birmania es una catástrofe indignante (...) porque, una vez más, se intenta erradicar a etnias enteras".

El Parlamento Europeo adoptó por su parte una resolución en la que pidió al ejército birmano que "cesara inmediatamente" sus ataques contra los rohinyás que, según los relatos de refugiados en Bangladés, sufrieron masacres, incendios, torturas y violaciones colectivas por parte de los militares.

Tillerson dijo entender, por su parte, "la situación compleja en la que se encuentra" Aung San Suu Kyi ante el poderoso ejército birmano. La premio Nobel de la Paz, que dirige Birmania desde abril de 2016, a raíz de las primeras elecciones libres celebradas en su país en más de dos décadas, prometió romper su silencio el próximo martes con un discurso.

Frente a la magnitud del éxodo de los rohinyás, la ONU ya no duda en hablar de "limpieza étnica" y el miércoles el Consejo de Seguridad reclamó a Birmania que tomara medidas "inmediatas" para acabar con la "violencia excesiva" en el estado de Rakáin, fronterizo con Bangladés.

La ONG Amnistía Internacional también denunció este jueves una limpieza étnica "sistemática", en un informe que se basa en nuevas imágenes por satélite de Rakáin. Al menos 26 aldeas han sido quemadas totalmente, según la organización, que muestra en el informe manchas grises de ceniza donde antes había casas.

- Penurias -

Entretanto, en el sur de Bangladés, las autoridades locales y las organizaciones extranjeras están desbordadas por la marea de refugiados que huyen de la represión lanzada por el ejército birmano tras varios ataques de un grupo rebelde rohinyá contra puestos de policía a finales de agosto.

La comunidad internacional debe prepararse para "el peor de los escenarios", es decir, el desplazamiento de todos los rohinyás presentes en Rakáin hacia Bangladés, avisó este jueves un responsable de Naciones Unidas.

Se calcula que un millón de personas forman esa minoría musulmana, de las que entre 10.000 y 20.000 cruzan cada día la frontera.

En Bangladés, uno de los países más pobres del planeta, las colinas se han llenado de refugios improvisados con lonas tendidas sobre bambúes, donde los rohinýas tratan de cobijarse ante las lluvias monzónicas.

"Hay una penuria grave de todo: de refugios, de comida y de agua potable", dice Edouard Beigbeder, representante de Unicef en Bangladés, donde el 60% de los refugiados rohinyás son niños.

La violencia y la discriminación contra los miembros de esa minoría han empeorado en los últimos años. Tratados como extranjeros en Birmania, donde el 90% de la población es de confesión budista, los rohinyás son considerados como apátridas aunque algunas familias viven en ese país desde hace varias generaciones.

- Columnas de humo -

Desde la orilla del río Naf, una frontera natural entre Birmania y Bangladés, se ven las columnas de humo provocadas por los incendios en varios pueblos de los rohinyás.

Para cruzar el río, los barqueros reclaman a los refugiados hasta 100 dólares por un trayecto de entre 10 y 30 minutos que antes costaba medio dólar.

"Los dueños de los barcos nos amenazaron con tirarnos al agua si nos negábamos a darles nuestros bienes", cuenta Nadera Banu, una viuda de 19 años que tuvo que ceder el último recuerdo que guardaba de su marido, una medalla de oro que recibió en su boda.

Varios "tribunales móviles" de magistrados bangladesíes condenaron estos últimos días a decenas de dueños de barcos y a habitantes de la zona, acusados de aprovecharse del sufrimiento de los refugiados.

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AFP