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Manifestantes contra el TTIP en París el 19 de abril de 2016

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Mal comenzadas, muy criticadas por la opinión pública y, ahora, incluso cuestionadas por dos ministros de Francia y de Alemania: las negociaciones del TTIP están en entredicho, a pesar de que algunos países intenten reactivarlas.

"Que un ministro denuncie abiertamente el TTIP plantea ciertas dudas sobre su futuro. Pero que un segundo ministro haga lo mismo, esto podría ser el golpe de gracia, sobre todo si representan a Alemania y a Francia, dos de las principales economías europeas", explica Daniel Bosgraaf, economista del banco ING.

Para él, el TTIP (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, también conocido por su otro acrónimo en inglés, TAFTA), muy rechazado por la opinión pública tanto en Alemania como en Francia, "queda así muy difícilmente a flote", tras haber recibido dos ataques frontales en menos de 48 horas.

"El estado de las negociaciones no permite un acuerdo", consideró el domingo el vicecanciller socialdemócrata alemán Sigmar Gabriel, también ministro de Economía. Sin embargo, el portavoz del gobierno aseguró el lunes que Berlín desea seguir con las conversaciones.

"Hay que poner un freno claro y definitivo a estas negociaciones para reiniciarlas sobre buenas bases", declaró por su parte el secretario de Estado de Comercio Exterior francés, Matthias Fekl, el martes.

Las negociaciones, lanzadas hace tres años, "están en entredicho y será muy difícil llevarlas hasta el final", afirmó a la AFP Sylvie Matelly, directora adjunta del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (Iris), quien considera que las dificultades se remontan al origen mismo del diálogo.

"Este tratado está mal comenzado. Fue mal presentado y ha causado polémica desde el comienzo", según ella, pues "las negociaciones siempre han tropezado con los diferentes puntos de vista y con una falta de pedagogía, de transparencia sobre lo que iba a ser negociado".

Negociado en el más absoluto secreto por el gobierno estadounidense y la Comisión Europea, el acuerdo persigue suprimir las barreras comerciales y normativas de una parte y otra del Atlántico para crear una amplia zona de libre comercio pensada para propulsar la actividad económica.

El objetivo era "hacer que los productos europeos y estadounidenses sean más competitivos y capaces de competir" con los de China, precisó Matelly.

- Riesgo electoral -

Los partidarios del acuerdo aseguran que éste permitiría a Estados Unidos y la UE imponer sus criterios y sus normas en el comercio internacional.

Sus detractores, en cambio, critican que Estados Unidos no quiera garantizar las denominaciones de origen protegido (DOP) y protestan por la puesta en marcha de mecanismos de arbitraje que no tendrían en cuenta las normativas sociales o medioambientales nacionales, en beneficio exclusivo de las multinacionales.

En la actualidad, el proyecto de tratado se ha convertido en una "cruz" para los gobiernos con las inminentes citas electorales en Estados Unidos, Francia y Alemania, destaca Sébastien Jean, director del Centro de Estudios Prospectivos y de Informaciones Internacionales (CEPII).

"En Francia, creo que existe un poco la noción de que nadie ganará unas elecciones defendiendo el TTIP. En cambio, uno puede perderlas [defendiéndolo]", explica. Una situación que se repite en otros países, según Bosgraaf.

"Aunque la Comisión Europea mantenga todavía su mandato de negociación, resulta difícil creer que estas continúen sin el respaldo de Alemania y Francia, más aún teniendo en cuenta que se celebrarán elecciones en estos países en 2017", explica el economista.

"Incluso si los ministros de Relaciones Exteriores europeos deciden en Bratislava a mediados de septiembre seguir con las negociaciones, existirán serias dudas sobre la viabilidad de este acuerdo comercial", avisa.

Del otro lado del Atlántico, Barack Obama desea llegar a un acuerdo antes de dejar la Casa Blanca, en enero. Pero "ni Donald Trump ni Hillary Clinton apoyan este acuerdo comercial", recuerda Bosgraaf.

Quienes lanzaron las negociaciones no supieron prever "el hecho de que en el periodo posterior a la crisis de 2008, la idea de liberalizar todavía más, de desregular todavía más, iba a ser mal recibido por la opinión pública", constata por su parte Matelly.

Además, la decisión británica de abandonar la UE en junio aboga más bien por "una nueva orientación de lo que debería ser Europa, algo que probablemente no debería decantarse por más liberalismo económico", considera la experta.

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AFP