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La primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon, en una Conferencia del Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) en Glasgow, el 15 de octubre de 2016

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La cuenta atrás para un segundo referéndum de independencia en Escocia empezó con la promesa de una ruptura británica neta con la Unión Europea, aunque los escoceses sigan tan divididos como siempre.

La jefa del Gobierno regional escocés, Nicola Sturgeon, dijo que el referéndum es ahora "más probable" que nunca tras escuchar el martes a la primera ministra británica, Theresa May, afirmando que abandonarán el mercado único europeo -gran temor de Edimburgo- para centrarse en el control de la inmigración.

"El tiempo avanza rápidamente para que el Gobierno británico nos convenza de que le preocupan lo más mínimo los intereses de Escocia", dijo Sturgeon el jueves en el Parlamento regional.

"Si no lo hacen, Escocia afronta un dilema: ¿queremos seguir por el camino pernicioso trazado por Theresa May (...) o queremos tomar las riendas del futuro de nuestro país?"

A la salida de su reunión el jueves con el ministro británico a cargo del Brexit, David Davis, Mike Russell, representante de Sturgeon, dijo: "Empezó la cuenta atrás".

Los escoceses se pronunciaron contra la independencia por un 55% frente al 45% en septiembre de 2014.

Sin embargo, Sturgeon sostiene que la victoria del Brexit en el referéndum sobre la UE de junio de 2016 ha llevado a Escocia a "aguas desconocidas", teniendo en cuenta que los habitantes de la región del norte se pronunciaron mayoritariamente a favor de seguir en el bloque.

La jefa del Gobierno regional ha formulado propuestas para que se permita a Escocia seguir en el mercado único aunque Reino Unido se vaya y empezó con los trámites legales para un segundo referéndum.

Su aliado independentista Patrick Harvie, de los ecologistas escoceses, cuyos votos necesitaría para aprobar la convocatoria de un segundo referéndum, estimó que éste tendrá lugar en 2018.

- 'Tensión en la familia' -

El problema para Sturgeon es que la mayoría de los escoceses asegura no haber cambiado de opinión sobre la independencia.

El último sondeo sobre la independencia, elaborado por BMG Research y publicado por el diario escocés Herald el mes pasado, arrojaba exactamente el mismo resultado: 55%-45%.

Irene y Cara Henney, una madre y su hija de Paisley, cerca de Glasgow, encarnan la brecha generacional constatada tanto en el plebiscito sobre la secesión como el de la UE.

Irene, de 55 años, dijo "no" a la independencia y "sí" al Brexit.

"Sturgeon ha perdido de vista lo que de verdad importa a los escoceses, como la sanidad y la educación... Al reclamar un segundo referéndum, probablemente se está distanciando de mucha gente", afirmó.

Cara, su hija de 18 años, estudiante, votó a favor de la independencia -se permitió participar a los mayores de 16 años-, pero, en cambio, no pudo participar en el de la UE, en el que se hubiera pronunciado por la permanencia.

"Aunque no estoy de acuerdo con algunas de las prioridades de Sturgeon, ahora que se llevan a Escocia fuera de la UE en contra de su voluntad, nos está dando una oportunidad de contraatacar", explicó.

La muchacha admite que la diferencia de opiniones "crea algo de tensión en la familia".

Stuart Salter, de 34 años, un urbanista de Edimburgo, votó en contra de la independencia y a favor de seguir en Europa.

Pese a ello, "el Brexit no me hizo cambiar de opinión" sobre la secesión, aseguró. "Lo único que haría otro referéndum de independencia es incrementar la incertidumbre", añadió.

Campbell Fraser, de 50 años, que dirige un taller de teatro en Clarkston, al sur de Glasgow, quiere que Escocia sea un Estado independiente miembro de la UE.

"Tenemos que asegurarnos de ganar porque no creo que volvamos a tener una nueva oportunidad en mi vida", estimó.

Los analistas políticos creen que Sturgeon no tiene más remedio que convocar el plebiscito.

Aún así, "si el Gobierno escocés celebra un segundo referéndum y lo pierde, pierde la influencia de Escocia en Reino Unido", dijo Nicola McEwen, profesora de política territorial de la Universidad de Edimburgo.

"Pero la situación es tal que parece que de todos modos no tenga mucha influencia, entonces el Gobierno escocés podría decidir que no tiene nada que perder", apostilló.

AFP