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Tres refugiados esperan para registrarse en un centro al que acuden paquistaníes, afganos y sirios en la ciudad alemana de Deggendorf el 8 de septiembre de 2015

(afp_tickers)

Habían tomado las calles con la esperanza de doblegar al régimen de Bashar al Asad. Pero cinco años después de su revuelta, algunos de estos militantes sirios están refugiados en Europa, un destino que jamás hubieran imaginado.

Al recibir en sus 'smartphones' las últimas noticias de familiares que siguen en Siria, a miles de kilómetros, estos militantes prodemocracia deploran que su revuelta haya degenerado en una devastadora guerra.

"Cuando llegué a Alemania, tuve la impresión de vivir con una herida abierta, de haber vendido mi alma. Me sentía culpable por haber abandonado todo", asegura Jimmy Shahinian, un militante de 28 años. "Nos habíamos prometido cambiar las cosas", declara a la AFP por teléfono desde su nueva casa, que comparte con otros jóvenes en Genthin, al oeste de Berlín.

El conflicto sirio estalló en marzo de 2011, con manifestaciones que pedían reformas democráticas. Los militantes usaron las redes sociales para pedir la partida del presidente Asad. Por haber participado en este movimiento, Jimmy Shahinian, un cristiano, pasó nueve meses en prisión, donde asegura haber sido torturado. Tras la toma de Raqa (norte), su ciudad natal, por el grupo yihadista Estado Islámico (EI), y tras haber recibido amenazas de muerte, debió huir de su país, como hicieron millones de sirios. Escondido en una ambulancia llegó a Turquía, pero ahí no se sentía seguro. "No me quedaba más opción que irme", relata.

- "Espíritu asediado" -

Y se fue a Alemania, donde hoy intenta proseguir su combate vía Ciudadanos por Siria, una asociación basada en Berlín para la que trabaja como voluntario. Aprende alemán, pero confiesa que "es muy difícil acostumbrarse a esta nueva vida". "Fuimos el destello que desencadenó la revolución, pero somos los primeros en haber sido quemados", dice.

Para el periodista Yazan, abandonar una causa por la que está dispuesto a morir es algo imposible. Sobrevivió a un asedio de dos años en la ciudad vieja de Homs (centro), que era llamada al principio de las manifestaciones "capital de la revolución", pero que ahora está controlada por el régimen.

Tras haber sobrevivido a los bombardeos, y comido malas hierbas durante meses, Yazan vive en la casa de su tío en Saint-Etienne, en el centro de Francia. Ahora pasa sus noches entrando en las páginas Facebook de otros militantes, para seguir las noticias de lo que ocurre en el país.

"En Siria, mi cuerpo estaba asediado. Aquí, es mi espíritu el que está asediado", asegura este hombre de 30 años.

Yazan explica que su padre y su hermano están presos en las cárceles del régimen, junto a otras 200.000 personas, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Ahmad al Rifai, de 24 años, que pasó meses tomando fotos en los bastiones de la oposición en el norte de Siria, también está en Alemania, donde más de un millón de solicitudes de asilo han sido registradas el año pasado. Este joven acusa al Gobierno sirio y a la comunidad internacional de haber transformado la revuelta en una guerra que ha tomado a la población como rehén. "Antes, en los buenos tiempos, la gente podía decidir cuándo y dónde protestar", asegura, refiriéndose al inicio de la revuelta. "Hoy, los sirios ya no tienen ningún poder de decisión. Siria se ha convertido en un terreno de juego para las grandes potencias como Rusia, Estados Unidos e Irán", lamenta este joven que trabaja como intérprete en la Cruz Roja.

Pese al dolor de ver su país devastado, Ahmad intenta no perder la esperanza y espera retornar un día a Siria y ayudar a la reconstrucción del país. "Militante un día, militante para siempre", afirma.

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AFP