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Los surcoreanos elegidos para asistir a una reunión familiar con parientes norcoreanos esperan en un puesto de control de Aduanas antes de entrar en la Zona Desmilitarizada en la costa noreste de Corea del Sur, cerca de Sokcho el 20 de octubre de 2015

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Familias norcoreanas y surcoreanas divididas por la guerra hace más de 60 años se dieron este jueves un amargo adiós, después de encontrarse durante tres días que para la mayoría habrán sido la última ocasión de verse.

En el tercer y último día del encuentro, celebrado en un resort de una montaña norcoreana, las familias dispusieron de dos horas por la mañana para despedirse.

Durante las tres jornadas la interacción estuvo muy controlada, limitada a seis sesiones, cada una de dos horas, algunas en un salón, ante las cámaras, y otras en privado.

"Habría sido maravilloso que pudiéramos haber hablado y dormido en la misma habitación, en lugar de reunirnos de forma interrumpida", dijo Han Sun-Kyu, de 70 años, que consiguió ver a su tía norcoreana.

"Y me gustaría que pudiéramos haber comido como una familia normal, y no en el gran salón, con todos los demás", añadió.

En la última sesión, este jueves, algunos de los participantes pasaron el tiempo manteniéndose juntos, sencillamente. Otros se daban la mano y se secaban las lágrimas, sentados en las mesas dispuestas en un gran salón del resort, en el Monte Kumgang.

Una anciana norcoreana quiso hacer gala de humor, desafiando a quien quisiera a echarle un pulso, para presumir de su fuerza física.

Para los alrededor de 400 surcoreanos y sus 140 parientes que participaron en el encuentro, las 12 horas que pasaron en total fueron terriblemente cortas después de seis décadas de separación, a causa de la guerra de Corea (1950-1953) que dividió en dos la península.

- Regalos y dinero -

En la cena celebrada en el salón del resort el miércoles, Lee Jeong-Sook, de 68 años, pidió a su padre norcoreano, Ri Hong-Jong, de 88, que le cantara una canción para que pueda recordar su voz.

El anciano le cantó una canción popular sobre el río que pasaba por su ciudad natal, en el Sur, con la que le sacó las lágrimas a los demás comensales.

A pesar de lo rígido del encuentro, los participantes fueron afortunados, ya que los seleccionaron de entre una lista de decenas de miles de personas inscritas en una lista de espera.

En la guerra de Corea, millones de personas se vieron desplazadas, y en el caos del conflicto, familias enteras -padres e hijos, maridos y mujeres, hermanos y hermanas- fueron separados.

Actualmente, más de 65.000 surcoreanos están en la lista de espera, con la esperanza de poder viajar algún día al Norte, con el que está cortada toda comunicación directa, ya sea en forma de cartas o llamadas telefónicas.

El programa de reencuentros familiares comenzó tras una cumbre bilateral histórica en el año 2000. La idea original era organizar un encuentro por año, pero a causa de los numerosos episodios de tensión entre ambas partes, se anularon muchas reuniones, algunas a última hora.

Debido al abismo económico existente entre las dos Coreas, las familias del Sur llevaron numerosos regalos, ropa, relojes, medicamentos, comida y en muchos casos miles de dólares en efectivo.

Las autoridades surcoreanas avisaron por adelantado de que el gobierno comunista norcoreano "se apropiaría" de una parte sustancial de ese dinero.

AFP