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Ciudadanos iraquíes abandonan Mosul durante la ofensiva de las fuerzas de seguridad, el 3 de junio de 2017

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Con su bastón en la mano, Oweid Mohamad dice "renacer" tras haber conseguido huir de su casa en Mosul. Los yihadistas se apoderaron de ella para instalar francotiradores.

"Dáesh tomó mi casa, instaló cuatro francotiradores y nos expulsó", explica a la AFP este iraquí de 75 años, utilizando el acrónimo en árabe del grupo Estado Islámico (EI).

Trasladado, junto a otros desplazados, a un centro controlado por las fuerzas iraquíes en el sur de Mosul, será luego enviado a uno de los campamentos en los alrededores de la segunda ciudad de Irak.

Decenas de familias siguen huyendo de los barrios del oeste de Mosul, que siguen en manos del EI, bajo intensos bombardeos de la coalición internacional y en medio de violentos enfrentamientos entre yihadistas y combatientes de las fuerzas gubernamentales.

"Hemos ido casa por casa hasta ver que el ejército se acercaba. Entonces nos encomendamos a Dios: el que tenga que morir, morirá, y el que tenga que vivir, vivirá", explica Oweid Mohamad.

Las fuerzas iraquíes llevan a cabo desde mediados de octubre una ofensiva para volver a conquistar Mosul, bajo control del EI desde junio de 2014, y han conseguido dominar gran parte de esta ciudad.

Según la ONU, quedan unos 200.000 civiles en los sectores que todavía están controlados por el EI, cuya gran mayoría se encuentran en la Ciudad vieja, un entramado de callejuelas densamente pobladas, difíciles de atacar.

Por el momento, las fuerzas iraquíes bloquean todos los accesos a este sector, estrechando cada vez más el cerco alrededor de los yihadistas, que se mantienen atrincherados, pero imponen a su vez a la población civil una escasez de alimentos, agua y medicinas.

"Nunca vimos nada parecido (...) Durante cuatro días, sobrevivimos sin comer nada", confiesa Mohamad, como otros muchos civiles desplazados que describen sus condiciones de vida en los últimos días antes de escapar de Mosul.

Pero su mirada cambia al afirmar: "Conseguí huir, es como si renaciera".

- 'Del infierno al paraíso' -

Sarah Adham, de 75 años, también logró huir con su hija y su hijo hace pocas horas del barrio Al Zinjili, teatro de violentos combates, "dejando el infierno por el paraíso".

Con un largo vestido negro, está sentada en el suelo, bajo un sol de justicia. "Es mi destino: tenía que vivir", cuenta, mientras asegura que ahora se siente "como una reina".

Como en el caso de Oweid Mohamad, el EI se apoderó de la casa de Sarah Adham. Los yihadistas "destrozaron la puerta de entrada y subieron a la planta superior donde estábamos escondidos en el pasillo (...) y nos ordenaron que saliéramos de casa", recuerda.

La madre intentó entonces oponerse pero los yihadistas amenazaron con matar a su hijo delante suyo.

Otros habitantes decidieron huir a cualquier precio, "porque la situación no se podía aguantar". "Solo teníamos el agua de los pozos para dar a los niños, que tenían alergias y diarrea", dice Mohamad Abdalá, de 43 años.

Según un miembro de los servicios de ambulancias que trata a los heridos que llegan al centro, los casos de sarna se propagan entre los desplazados, que también padecen deshidratación y diarreas, a causa de las condiciones sanitarias precarias en las que viven.

Para una anciana que acaba de llegar al centro, lo más importante es sin embargo "haberse sacado de encima esta desgracia que ha ensombrecido nuestros corazones" bajo el EI.

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AFP