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Una imagen de las personas supuestamente encerradas en un ínfimo espacio escondido en una comisaría de Manila, tomada el jueves 27 de abril

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Una decena de personas fueron encontradas hacinadas en un ínfimo espacio escondido detrás de un mueble en una comisaría de Filipinas, lo que alimenta nuevamente el temor a supuestos abusos en la guerra antidroga del presidente Rodrigo Duterte.

Miembros de la Comisión Gubernamental para los Derechos Humanos, acompañados de algunos periodistas, encontraron a estos hombres y mujeres durante una visita sorpresa, el jueves por la tarde, al puesto de policía situado en las barriadas de la capital, Manila.

Los visitantes oyeron gritos -"Estamos aquí, estamos aquí"- procedentes de una pared, según declararon. A continuación encontraron una puerta escondida detrás de la biblioteca que daba a un reducido espacio.

Los prisioneros se precipitaron entonces rápidamente hacia el exterior. Algunos pedían agua, otros, llorando, suplicaban a los miembros de la Comisión que no los abandonaran.

Los prisioneros dijeron haber estado detenidos allí durante una semana, tras su arresto por supuesto uso o tráfico de drogas. Además acusaron a la policía de haber exigido un cuantioso rescate para liberarlos.

"Los han encarcelado con el pretexto de la droga pero no han sido acusados de ningún cargo", declaró este viernes a la AFP Gilbert Boisner, director en Manila de la Comisión de Derechos, encargada de esta operación.

- Corruptelas -

Según la organización Human Rights Watch, se trata de una nueva revelación sobre los abusos a los derechos humanos cometidos durante la campaña de represión contra la droga, que ha causado la muerte a miles de personas.

"El hallazgo de esta prisión secreta no es más que la última señal de la forma en la que la policía explota, con fines personales, la campaña antidroga abusiva de Duterte", estimó la ONG.

En enero, el presidente del país apartó brevemente a la policía de la campaña antidroga, ya que una investigación había revelado que los oficiales de la brigada de estupefacientes secuestraron y asesinaron a un empresario surcoreano para obtener de su familia una recompensa.

Duterte declaró entonces que la policía era "corrupta hasta la médula" y prometió "limpiar" sus filas. No obstante, un mes después, los policías continuaron con sus funciones sin que se hubiera producido una gran reforma.

Los defensores de los derechos humanos habían dudado sobre la voluntad del presidente -que había estimado que el 40% de los agentes se dedicaban a estas actividades ilegales- para que la policía abandone sus corruptelas.

El cuerpo de policía anunció haber abatido al menos a 2.724 personas, en situación de legítima defensa, en el marco de la lucha antidroga. Miles de personas han sido asesinadas por milicias, según informa Human Rights Watch.

- Arrestos generalizados -

Un abogado filipino declaró el lunes ante la Corte Penal Internacional que la guerra antidroga había causado alrededor de 8.000 muertes y acusó al presidente filipino de asesinatos en masa.

La organización Amnistía Internacional consideró en febrero que podría tratarse de crímenes contra la humanidad. La ONG acusó a la policía de matar a personas indefensas, montar pruebas falsas, contratar asesinos a sueldo para acabar con los traficantes y de robar a las víctimas o a sus familiares.

El responsable de la comisaría de Manila, el comisario Robert Domingo, manifestó a los periodistas presentes durante la inspección que los detenidos habían sido arrestados la noche anterior y los agentes se disponían a acusarlos.

Domingo fue suspendido de sus funciones después de una investigación, según declaró el jefe de policía de Manila, Oscar Albayalde, que reconoció que los arrestos ilegales se han generalizado en los últimos tiempos.

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