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El primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, habla en Sídney el 26 de junio de 2016

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Los australianos deben acudir este sábado a las urnas, en las que se prevé un duelo reñido entre la coalición conservadora-liberal, en el poder, y la oposición laborista, en un país que ha cambiado de primer ministro cinco veces en cinco años.

El jefe de Gobierno, Malcolm Turnbull, de 61 años, espera legitimarse en estas elecciones tras el 'golpe de Estado' interno en el partido liberal que hizo caer en septiembre a Tony Abbot.

Los sondeos apuntan a una lucha ajustada contra el exlíder sindical Bill Shorten, de 49 años, si bien al término de una campaña más bien insípida el shock provocado por la decisión de los británicos de abandonar la Unión Europea podría dar una ligera ventaja al primer ministro saliente.

Los principales grupos mediáticos australianos, como News Corps Australia o Fairfax Media, se han posicionado a favor de Turnbull en nombre de la estabilidad.

Exbanquero de negocios y multimillonario, en los últimos días Turnbull ha jugado con el miedo a las repercusiones económicas mundiales del Brexit, insistiendo en el imperativo de mantener el rumbo en la tormenta.

"Hoy, más que nunca, necesitamos confianza, inversión, empleo, estabilidad y liderazgo", declaró el que también fuera periodista y abogado.

- Política agitada -

Desde la llegada del laborista Kevin Rudd, en 2007, al poder tras una década de 'reino' del liberal John Howard, el mundo de la política australiana se ha visto particularmente agitado.

Rudd fue derrotado por la laborista Julia Gillard en 2010, antes de retomar el poder en 2013 y cederlo a los pocos meses en unas elecciones legislativas a Tony Abott, derribado a su vez por Turnbull.

Los próximos comicios debían celebrarse antes de enero de 2017 y Turnbull decidió adelantarlos para asentar su mayoría en el Senado.

El equilibrio de poder en la cámara alta depende actualmente de independientes o representantes de partidos minoritarios que han bloqueado algunos de sus proyectos de reforma.

Turnbull podría lamentar su decisión, ya que ciertas encuestas predicen un aumento de independientes o de formaciones minoritarias como los Verdes.

"Las alternativas nunca han sido tan amplias", considera el politólogo Nick Ecomou, de la Monash University.

La popularidad del primer ministro también ha caído por las dudas sobre la eficacia de sus reformas y por disputas internas espoleadas por los partidarios de su predecesor en el cargo.

Los laboristas, por su parte, han hecho una campaña clásica, prometiendo inversiones en salud y educación, mayor justicia fiscal y desarrollar las energías renovables.

- Experiencia-

Durante la campaña, Malcolm Turnbull ha prometido reducciones de impuestos, ha defendido su controvertida política migratoria y sobre todo ha destacado la amplia experiencia económica de su equipo, en un momento en que Australia, que lleva un cuarto de siglo sin experimentar un periodo de recesión, negocia el fin de la era dorada de la minería.

En lo relativo a la cuestión fundamental del cambio climático, pese a ser considerado más sensible que Abott en materia medioambiental, no ha cambiado en absoluto la línea de su predecesor.

Conscientes de la importancia del carbón para su economía, los laboristas tampoco prevén una salida plena de este fósil. Bill Shorten propone un objetivo de reducción de las emisiones del 45% respecto a 2005 con horizonte 2030, mientras que Turnbull apuesta por un 26%.

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AFP