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El candidato presidencial de Filipinas Rodrigo Duterte (D) hace un gesto con el puño desde una caravana de la campaña electoral cerca de un área portuaria de Manila, el 27 de abril de 2016

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Rodrigo Duterte ha ideado una campaña llena de provocaciones para convertirse en presidente de Filipinas en los comicios del próximo lunes, en la que no ha dudado en insultar incluso al papa, en un país de mayoría católica.

En una serie de declaraciones escandalosas, este abogado de 71 años, alcalde de Davao, una gran ciudad del sur del país, ha bromeado sobre una misionera australiana asesinada a quien le habría gustado violar o ha acusado a su hija de "exagerar" al recordar los abusos sexuales de los que fue víctima.

Duterte ha insultado incluso al papa Francisco, venerado en este país donde el 80% de sus habitantes son fervientes católicos. En un discurso para lanzar su campaña el año pasado, lo calificó de "hijo de puta" por haber provocado atascos durante una visita al archipiélago.

Gracias a esta estrategia, Rodrigo Duterte se ha convertido contra todo pronóstico en el candidato favorito en la elección presidencial del lunes. Los analistas lo comparan a Donald Trump, único candidato republicano a la Casa Blanca, por haber hecho trizas los códigos de la política convencional.

Según los analistas, es fácil criticar su vulgaridad, pero destacan sin embargo que Duterte ha sabido presentarse como el candidato antisistema, capaz de encontrar soluciones rápidas a problemas crónicos del país, como la criminalidad y la violencia.

"Se ha convertido en el símbolo de la frustración, incluso quizás de la desesperación, para aquellos que habían depositado su esperanza y su confianza en la élite de este país", dice a la AFP el politólogo Ramón Casiple.

Desde la caída del dictador Ferdinand Marcos en 1986, el archipiélago ha sido dirigido, tanto a nivel local como nacional, por clanes familiares apoyados por importantes empresarios, un sistema que ha ahondado aún más las diferencias entre ricos y pobres.

El presidente saliente, Benigno Aquino, pertenece a uno de estos clanes y ha sido duramente criticado por haber perennizado un modelo económico favorable a los ricos.

- La élite y los delincuentes, en el punto de mira -

Pese a tener una media de crecimiento económico anual del 6% en estos últimos años, más de un cuarto de los 100 millones de filipinos sobreviven por debajo del umbral de pobreza, es decir, la misma proporción que hace seis años.

Rodrigo Duterte ha centrado sus críticas contra la élite y el poder actual. "Cuando sea presidente, por la gracia de Dios, serviré a la gente, no a vosotros", declaró a la prensa esta semana en referencia a la clase dirigente. "Mierda. Mi problema es la gente que está debajo (...) Mi problema es cómo llevar comida a la mesa", advirtió.

Según él, para acabar con la pobreza hay que erradicar el crimen. Para ello promete que dejará de lado una justicia ineficaz y corrupta y ordenará a las fuerzas de seguridad eliminar a los criminales. En seis meses, Filipinas habrá solucionado este problema, asegura. Una promesa en la que millones de filipinos han decidido creer.

En pocos meses, el alcalde de Davao ha pasado del estatuto de 'outsider' a liderar las encuestas, consiguiendo un 33% de las intenciones de voto, según un sondeo difundido este viernes.

Mar Roxas, el candidato apoyado por el presidente saliente Benigno Aquino, proviene de una importante familia política y ha seguido una educación en Estados Unidos. Los sondeos le atribuyen el segundo puesto, con el 20% de las intenciones de voto.

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AFP