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Captura de video difundida por el ministerio de Defensa ruso con el hangar destruido en la base aérea de Shayrat en Siria después del ataque estadounidense, el 8 de abril de 2017

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Estados Unidos afirmó este lunes que el ataque que realizó la semana pasada contra una base aérea de Siria destruyó aproximadamente un quinto del poderío aéreo del gobierno de Bashar al Asad, al que volvió a advertir de no hacer más ataques químicos.

El secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, y el portavoz de la Casa Blanca, lanzaron nuevas advertencias a Siria en la víspera de que el secretario del Departamento de Estado, Rex Tillerson, visite Rusia, principal aliado de Asad.

Tillerson llegará a Moscú el martes después de participar en la reunión de cancilleres del G7 en Lucca (Italia), donde busca una estrategia de presión a Rusia para relanzar un proceso político en Siria.

"La evaluación del departamento de Defensa es que el ataque dejó como resultado daños o la destrucción de depósitos de munición y combustibles, capacidad de defensa aérea y 20% de todos los aviones sirios operacionales", expresó Mattis en una nota oficial.

De acuerdo con Mattis, "el gobierno de Siria perdió la capacidad de abastecer o restablecer el armamento" a la base aérea de Shayrat. Inclusive, las pistas de aterrizaje se tornaron inutilizables.

Mattis definió el ataque como una "respuesta medida" contra el alegado uso de armas químicas.

En tanto, el vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer, advirtió a Siria que el presidente Donald Trump podrá ordenar nuevos ataques como represalia si se verifica el uso de bombas de barril por parte de la tropas gubernamentales.

"Si arrojas gas a un bebé o lanzas una bomba de barril contra gente inocente, habrá una respuesta de este presidente", aseguró el portavoz.

Se trata de la primera vez que la Casa Blanca hace referencia a las bombas de barril, un tipo de artefacto explosivo que arroja metralla sin dirección y suele provocar un gran número de víctimas.

Asad niega que su Ejército use este tipo de arma.

- Cumbre en Italia -

Este lunes, Trump conversó vía telefónica con la primera ministra británica Theresa May y la canciller alemana Angela Merkel, respectivamente, informó la Casa Blanca en un comunicado.

Ambas expresaron su respaldo al ataque estadounidense y coincidieron con el Trump "sobre la importancia de hacer rendir cuentas al presidente Bashar Al Asad".

El conflicto en Siria ha sido el eje central del primero de los dos días de reuniones en Lucca (Italia) de los cancilleres del G7 (EEUU, Japón, Canadá, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia), en los que participa por primera vez Rex Tillerson.

Antes del encuentro, el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, instó en declaraciones a la prensa al presidente ruso, Vladimir Putin, a retirar el apoyo al "venenoso" presidente sirio, Bashar al Asad.

"Asad es un veneno en todos los sentidos. Está envenenando a gente inocente en Siria con armas que fueron prohibidas hace 100 años, y está envenenando la reputación de Rusia", afirmó.

El presunto uso de armas químicas por parte del gobierno sirio, que causó 87 muertos en la localidad rebelde de Jan Sheijun, en el noroeste de Siria, y el ataque estadounidense cambiaron la agenda del encuentro.

En una serie de mesas redondas previstas a partir de este lunes, los cancilleres de las mayores potencias industriales intentarán dar una respuesta común a un tema que inquieta mucho a los países occidentales y tiene fuertes repercusiones en todo el Medio Oriente.

Desde Madrid, los líderes de los países del sur de la Unión Europea (Francia, Italia, España, Portugal, Grecia, Malta y Chipre) estimaron que el ataque estadounidense era "comprensible", y recalcaron que se trató de una acción "limitada y concentrada" con el objetivo de impedir el uso de armas químicas.

La intervención unilateral de Estados Unidos, la primera en seis años de conflicto, provocó una reacción fuerte por parte de rusos e iraníes, aliados del régimen sirio.

La presencia de Tillerson en Lucca es clave, ya que las relaciones entre EEUU y los principales aliados de Damasco, Rusia e Irán, volvieron a tensarse este domingo, cuando Washington pidió la salida de Bashar al Asad, y Moscú e Irán amenazaron con llevar a cabo represalias contra quienes ataquen al ejército sirio.

El canciller británico Johnson adelantó que se intentará alcanzar "un apoyo internacional coordinado para lograr un alto el fuego e intensificar" la búsqueda de una solución política en Siria.

Los ministros del G7 tienen previsto abordar también cuestiones como la lucha contra el terrorismo, la situación en Libia y Ucrania, las provocaciones norcoreanas o el acuerdo sobre el programa nuclear iraní.

Para el ministro francés Jean-Marc Ayrault se trata de una oportunidad para pedirle a Washington que aclare su postura sobre cuestiones como las migraciones, el clima, el conflicto entre Israel y los palestinos, según adelantó una fuente diplomática francesa.

Mientras los cancilleres celebraban sus reuniones en el elegante Palacio Ducal de Lucca, unos 200 militantes protestaban frente a las murallas de la ciudad contra la política de las grandes potencias.

"La guerra es de ustedes, los muertos son nuestros. Fuera los dueños del mundo", gritaban poco antes de romper el imponente cordón de seguridad desplegado.

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AFP