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Esther, esposa del espía israelí Jonathan Pollard, se marcha tras ofrecer una rueda de prensa el 29 de julio de 2015 en Jerusalén

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Estados Unidos cerrará el viernes una saga diplomática de 30 años al dejar en libertad a Jonathan Pollard, un judío estadounidense que espió a favor de Israel y cuyo encarcelamiento dio lugar a un interminable enfrentamiento entre Washington y el Estado hebreo.

Este exanalista de la marina de Estados Unidos, que obtuvo la nacionalidad israelí en 1995, fue condenado por la justicia americana a cadena perpetua en 1987.

Nativo de Texas, fue declarado culpable de haber proporcionado a Israel, desde junio de 1984 hasta su arresto, en noviembre de 1985, miles de documentos clasificados como "secretos de defensa" sobre las actividades de espionaje de Estados Unidos, principalmente en los países árabes.

Casi treinta años después de haber sido descubierto, Pollard, de 61 años, dejará el viernes su celda de la prisión federal de Butner, en Carolina del Norte (sureste), después de que se le concediera la libertad condicional el verano (boreal) pasado. Ese momento pondrá fin a varias décadas de un obstinado rechazo de Washington a concederle a Pollard una gracia o una reducción de la pena. Israel consideraba injustificada una encarcelación tan prolongada contra Pollard por parte de su aliado estratégico estadounidense.

- Razones "humanitarias" -

"Con el paso del tiempo, la opinión pública israelí consideró, por motivos humanitarios, que él había purgado su pena, que ya había recibido suficiente castigo tras haber estado encarcelado tantos años, algunos de ellos en aislamiento, y cuando su salud se deterioraba", explicó a la AFP Dan Arbell, un experto en relaciones estadounidenses-israelíes.

Desde el principio, precisó, el caso Pollard ha sido emblemático: "Por primera vez en Estados Unidos fue juzgado por espionaje en provecho de Israel un estadounidense, que procede del medio de la defensa y la inteligencia, y además un judío americano".

Tras las rejas, Pollard se transformó en un ícono de la derecha israelí y gran parte de los israelíes abrazaron su causa.

Los documentos que filtró presuntamente permitieron a Israel, por ejemplo, bombardear en 1985 el cuartel general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en ese momento exiliada en Túnez, y asesinar al número dos de esa agrupación, Abu Jihad, en Túnez en 1988.

Pero, para Estados Unidos, el espía con motivaciones venales causó un daño considerable a los intereses norteamericanos en plena Guerra Fría.

Según ciertas fuentes, Pollard pudo haber entregado a otros países, además de a Israel, ciertas informaciones cruciales, que pudieron haber terminado en manos de la Unión Soviética.

- Negativa de Washington -

Durante años, el detenido se transformó en un peón avanzado para ciertos intercambios vinculados a las liberaciones de prisioneros palestinos o en las negociaciones de paz israelo-palestinas.

Pero esos esfuerzos siempre chocaron con la negativa de Washington. "Los presidentes estadounidense quisieron hacer de él un ejemplo para decir que no tolerarían el espionaje de un país amigo", comentó a la AFP Michel Brenner, director del Centro de estudios de Israel en la American University de Washington.

El misterio reina sobre las intenciones de Pollard una vez que sea liberado. Contactados por la AFP, sus abogados Eliot Lauer y Jacques Semmelman declinaron expresarse.

Según los términos de su liberación condicional, Pollard debe permanecer en territorio estadounidense cinco años, a menos que el presidente Barack Obama lo autorice a dejar el país.

El pasado viernes, dos miembros del Congreso solicitaron a la Fiscal General estadounidense, Loretta Lynch, que se reconsidere la decisión de prohibir la salida del país a Pollard.

Jerrold Nadler y Eliot Engel, dos legisladores judíos de Nueva York, indicaron que el sexagenario estaba dispuesto a renunciar a su nacionalidad estadounidense para poder trasladarse a Tel Aviv.

AFP