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Un miembro del barco de rescate Aquarius utiliza sus binoculares durante una operación de búsqueda de migrantes en el Mediterráneo el 11 de agosto de 2017

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A bordo del "Aquarius", uno de los últimos barcos de oenegés que continúan los rescates humanitarios frente a las costas de Libia, socorristas y cooperantes mantienen la vigilancia pero se preocupan sobre todo de no ver llegar migrantes.

La marina libia anunció el jueves la creación de una zona de búsqueda y rescate (SAR) que va mucho más allá de las 12 millas náuticas de sus aguas territoriales y restringió el acceso a las oenegés, a las que Trípoli acusa de connivencia con los traficantes.

Unos días antes, una patrulla de guardacostas libios disparó al aire contra otro navío humanitario, el "Golfo Azzurro" de la oenegé española Proactiva Open Armas, advirtiendo a la tripulación que la próxima vez sería contra ella. Varias oenegés han suspendido sus operaciones.

El "Aquarius", fletado por SOS Mediterráneo y Médicos Sin Fronteras (MSF), se quedó solo el domingo frente a las costas libias, donde el "Golfo Azzurro" y el "Phoenix", de la oenegé maltesa Moas, deben regresar el martes tras un avituallamiento.

"Por el momento continuamos nuestra actividad de patrulla en las aguas internacionales", asegura Nicola Stalla, coordinador de las operaciones de búsqueda y rescate a bordo del "Aquarius".

Este navío de color naranja de 68 metros de eslora trabajó durante mucho tiempo para los guardacostas alemanes y luego en prospección petrolera. Desde el año pasado, patrulla cerca de las costas libias para salvar vidas de migrantes y refugiados.

A bordo, las dos oenegés cuentan cada una con una docena de personas venidas de diferentes países de Europa, de Estados Unidos y de Australia. Los de SOS Mediterráneo son gente de mar deseosa de ofrecer su tiempo. En el caso de MSF, médicos, logistas o técnicos con experiencia humanitaria pero no forzosamente marinera.

Junto a ellos viajan un capitán bielorruso y una decena de tripulantes, en su mayoría eslavos, profesionales alquilados con el barco pero que en la mayoría de los casos eligieron esta singular misión.

Todos zarparon de Sicilia el 30 de julio para una rotación de algo menos de tres semanas y, según un periodista de la AFP presente a bordo, el humor y la vida diaria no han cambiado en los últimos días.

- Escrutar las aguas -

Los socorristas de SOS Mediterráneo se relevan cada dos horas para vigilar las aguas día y noche, los miembros de MSF comprueban las existencias de medicinas, la tripulación pinta la cubierta... Sin olvidar el ejercicio físico.

Por la noche, el barco se aleja a 30 millas de la costa, esencialmente para evitar las redes de los pescadores y desde el año pasado se cierran las puertas de acceso al interior.

Un helicóptero sobrevoló el barco en dos ocasiones el domingo por la noche con las luces apagadas.

Durante el día, el "Aquarius" solía navegar a 20 millas -una distancia desde la cual se puede ver el relieve libio-, pero ahora permanecerá a unas 24 millas, salvo si los guardacostas italianos que coordinan las operaciones de rescate en la zona le piden que intervenga más cerca de la costa.

Hay también un plan de emergencia para permitir que todo el mundo se encierre en caso de abordaje. Por ahora, sin embargo, solo se les ha acercado el "C-Star", un barco fletado por militantes de extrema derecha europeos para frenar la inmigración y las labores de la oenegés.

Lo que realmente preocupa a los humanitarios es la tranquilidad reinante.

Pese a que el mar está en calma y los vientos son favorables a las travesías, el "Aquarius" no ha visto una embarcación de migrantes desde hace una semana. Incluso en el corazón del invierno, el periodo menos favorable para las salidas, no había vivido una rotación de tres semanas sin volver con centenares de migrantes.

En Italia, las llegadas de migrantes se redujeron a la mitad en julio con respecto al mismo mes el año pasado y las autoridades contabilizan 1.700 en lo que va de agosto, lejos de las 21.300 registrados durante todo el mes en 2016.

"Es muy difícil saber lo que ocurre en Libia. Pero aquí se ve que hay menos embarcaciones que zarpan y que las que lo hacen son interceptadas por los guardacostas libios", explica en el barco Marcella Kraay, responsable de proyecto de MSF.

Esta mujer que ha visto señales de malos tratos, violencia y torturas sufridas en Libia en los cuerpos de muchos migrantes socorridos por el "Aquarius", se preocupa ahora por la suerte de estos migrantes interceptados y trasladados a centros de detención en Libia, donde están a merced de nuevos abusos.

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AFP