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Anders Breivik comienza su cuarto y último día de audiencia en la cárcel de Skien, Noruega, el 18 de marzo de 2016

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El abogado de Anders Behring Breivik, autor de la matanza de 2011 donde murieron 77 personas, pidió el viernes la condena del Estado noruego por trato "inhumano" y "degradante", con quejas por el café frío y por el aislamiento carcelario.

"Los motivos por los que el interesado está condenado deben dejarse de lado", alegó Øystein Storrvik en el cuarto y último día de juicio del extremista de 37 años, que reclama mejores condiciones de detención.

"Para quien es odiado por todo el mundo, el derecho es la última posibilidad para garantizar los derechos fundamentales", dijo, pidiendo al tribunal que se aparte de las "percepciones populares".

Por razones de seguridad, el proceso civil se lleva a cabo en el gimnasio de la cárcel de Skien (sur) donde Breivik cumple una pena de 21 años que podría prorrogarse si se le considera peligroso.

El 22 de julio de 2011, en nombre de la guerra contra el multiculturalismo, Breivik mató a 77 personas: ocho haciendo estallar un coche bomba cerca de la sede del gobierno en Oslo y 69 disparando en un campamento de verano de la juventud laborista en la isla de Utoya.

Durante más de una hora persiguió a cerca de 600 adolescentes aterrorizados que no podían salir de la isla. La mayoría murieron de un disparo en la cabeza.

Desde entonces, se encuentra detenido separado de otros prisioneros. Sus contactos con el mundo exterior (visitas, correspondencia...) son estrictamente controlados.

Con la duración de este aislamiento como argumento, Storrvik acusó a Noruega de violar dos disposiciones de la Convención Europea de Derechos Humanos: una que prohíbe los tratamientos "inhumanos" y "degradantes" y otra que garantiza el respeto a la correspondencia.

En la prisión de Skien, Breivik dispone de 31 m2 repartidos en un lugar para vivir, una sala de estudio y un lugar para hacer ejercicios físicos. También tiene a su disposición una televisión, un reproductor de DVD, una consola de videojuegos, libros, periódicos, un ordenador sin conexión a internet y aparatos de musculación.

Las quejas de Breivik van desde el café frío y los platos cocinados "peores que el waterboarding" —una tortura que simula la asfixia— a los cientos de controles corporales a los que es sometido o el dolor de cabeza, que él atribuye al aislamiento.

Para los abogados que defienden al Estado, sus condiciones de detención son "ampliamente conformes a lo que está permitido" en la Convención Europea de Derechos Humanos.

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AFP