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Hilera de mujeres y hombres en Condado de Koch, en el estado Unidad, de Sudán del Sur esperando para registrarse en el Programa de Alimentos de la ONU (PMA), el 25 de septiembre de 2015

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En teoría, la guerra civil en Sudán del Sur terminó con la firma de un acuerdo de paz a finales de agosto. En la práctica, continúan los combates, las violaciones y los ataques que agravan una situación alimentaria crítica.

Junto a un centenar de personas, Nyalak Gai, de 24 años, hace cola en su pueblo de Koch para recibir comida del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU. Las raciones le permitirán alimentar durante algunos días a sus siete niños, pero tendrá que volver. Cuando no tenemos comida "buscamos nenúfares y plantas salvajes", explica esta viuda que perdió a su marido en el ataque de su pueblo.

Los civiles son las principales víctimas de este conflicto que ha dejado decenas de miles de muertos y en el que los dos campos rivales han cometido masacres y atrocidades, han reclutado niños soldados y han obligado a miles de personas a desplazarse.

Desde que empezó el conflicto, la distribución masiva de alimentos, a veces desde el aire, ha evitado que el país caiga en la hambruna.

En algunas regiones la situación está mejorando gracias a las cosechas. En otras, la situación es catastrófica, ya que la gente vive en zonas pantanosas y sólo puede alimentarse con la flora local, principalmente nenúfares.

Como el país tiene muy pocas carreteras y que además se inundan durante la temporada de lluvias, en muchos casos hay que transportar la ayuda con barcazas para llegar a la población.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registró "casos aislados de hambre extrema" entre los desplazados que viven en los estados petroleros del Alto Nilo y Unidad, principales escenarios del conflicto. "Es una de las peores situaciones en el mundo en términos humanitarios y de seguridad alimentaria", indica la organización.

- Lluvia y malnutrición -

Recientemente el personal de la ONU consiguió llegar hasta Koch, una localidad aislada por cuatro meses de combate y controlada por el ejército de Sudán del Sur, fiel al presidente del país, Salva Kiir, pero rodeada de pueblos en manos de los rebeldes del exvicepresidente Riek Machar.

"Constatamos altas tasas de malnutrición, una inseguridad alimentaria elevada, problemas de salud y de purificación del agua", explica el jefe del PMA en el país, Joyce Luma, durante una visita a Koch.

Los habitantes viven en tiendas improvisadas, apenas protegidas de la lluvia por lonas de plástico. "Todas las casas fueron incendiadas", explica Rhusia Nyalou, de 37 años y madre de ocho niños. "Los combates continúan, se llevaron a nuestras vacas, aquí no se puede vivir", asegura.

Tres de sus hijos se refugiaron en casa de familiares en Sudán, el país vecino, y otro vive junto a otras 117.000 personas bajo la protección de los Cascos Azules en la base de la ONU en Bentiu, la capital del estado de Unidad. Con los cuatro niños que todavía siguen con ella, Rhusia lucha para sobrevivir y se alimenta con vegetales y los alimentos del PMA. "Comemos cualquier planta que nos sirva de alimento pero los niños sufren mucho" explica esta madre que sigue temiendo los ataques de los milicianos.

Sudán del Sur, el país más joven del mundo, creado en julio de 2011 tras décadas de guerra de secesión contra Sudán, es también uno de los menos desarrollados del planeta.

En diciembre de 2013, más de dos años después de haber proclamado su independencia, estalló una guerra civil por motivos políticos y étnicos que hasta ahora ha obligado a desplazarse a más de 2,2 millones de personas.

A finales de agosto, el Gobierno y los rebeldes firmaron un acuerdo de paz pero el conflicto no ha cesado. Desde febrero de 2014, Kiir y Machar acordaron varias treguas que fueron violadas pocas horas después.

AFP