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El secretario de Estado de EEUU, John Kerry (i), dialoga con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, sobre Siria, el 9 de septiembre de 2016 en Ginebra

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El acuerdo logrado el viernes entre Rusia y Estados Unidos para la entrada en vigor de una tregua en Siria llega tras meses de intentos por parte de Moscú de convencer a Washington para ir más lejos en su cooperación militar contra los yihadistas.

Pese a los profundos desacuerdos, este pacto, que prefigura una coordinación inédita entre ambos países, supone una "victoria" para Moscú, según los analistas.

- Bombardeos comunes -

Aunque Rusia llevaba meses llamando a Estados Unidos a unir fuerzas en Siria, hasta ahora solo había recibido un "no" por respuesta.

El viernes, tras horas de negociaciones en Ginebra, el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, acabó dando luz verde a la creación de un centro ruso-estadounidense destinado a coordinar eventuales bombardeos, a condición de que la tregua en Siria dure "una semana".

"Es una victoria para Rusia porque ha insistido mucho para que se firme ese punto y hace tiempo que trabajaba en ello", explica a la AFP el analista político Fiodor Lukianov.

Los occidentales han acusado en varias ocasiones a Moscú, principal apoyo del régimen de Bashar Al Asad, de atacar a grupos rebeldes hostiles a Damasco y no a organizaciones "terroristas", como asegura Rusia.

Otro éxito logrado el viernes: Washington ha aceptado convencer a los rebeldes de que se disocien de los yihadistas, con los que se han aliado en las provincias de Alepo e Idleb (noroeste), tal y como había pedido Moscú en numerosas ocasiones.

- Presionar al régimen -

Aunque su enemigo común es la organización Estado Islámico (EI), así como una serie de grupos considerados "terroristas" por el Consejo de Seguridad de la ONU, Rusia y Estados Unidos protegen dos bandos opuestos del conflicto sirio: Moscú apoya a Damasco, y Washington, a una coalición de rebeldes moderados.

En varias ocasiones, Estados Unidos ha exigido la dimisión de Bashar Al Asad como prerrequisito para cualquier plan de paz. Este llamamiento es cada vez menos frecuente desde 2013, cuando el presidente estadounidense, Barack Obama, redujo su posición ofensiva contra el régimen de Damasco.

Aunque las negociaciones en Ginebra no se han referido directamente al presidente sirio, John Kerry asegura que ha pedido a Rusia que presione al régimen, el cual aceptó el sábado el acuerdo de tregua.

"El hecho de que el Gobierno sirio forme parte indirectamente en el acuerdo -dado que se pide a Rusia que lo presione- es reconocer implícitamente que (Al Asad) existe y que no se puede hacer nada al respecto", interpreta Lukianov.

"Esto muestra que es imposible esquivar a Al Asad", insiste. Un punto más a favor de Rusia.

- Una tregua precaria -

Incluso si Rusia considera que el acuerdo supone un paso hacia la resolución de este sangriento conflicto, que desde 2011 ha dejado al menos 290.000 muertos y provocado el éxodo de millones de sirios, Moscú no quiere crear falsas esperanzas.

En efecto, no se trata del primer acuerdo de tregua en Siria concluido entre las dos potencias. En febrero, un acuerdo similar de cese el fuego, apadrinado por Moscú y Washington, y apoyado por la ONU, fue violado de forma casi cotidiana.

El ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, lo admitió: Rusia no puede "garantizar al 100%" que todos los beligerantes respetarán la tregua.

Para el analista Ruslan Pukhov, citado por la agencia de prensa TASS, aunque el régimen de Damasco haya aceptado el acuerdo, Bashar Al Asad "es incapaz de controlar por completo a todos sus partidarios", que pueden verse tentados de violar la tregua.

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AFP