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Una manifestación el 4 de enero de 2016 en Teherán contra la ejecución del destacado clérigo chiita Nimr Al Nimr

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El ataque contra la embajada saudí en Teherán que llevó a Arabia Saudí a romper sus relaciones diplomáticas, considerado una victoria por los conservadores opositores al presidente Hasán Rohani, podría volverse en su contra.

Según los expertos, el incidente podría favorecer a Rohani en las legislativas del 26 de febrero.

Los ataques contra la embajada saudí en Teherán y el consultado saudí en Machhad fueron cometidos por manifestantes que protestaban contra la ejecución el sábado en Arabia Saudí del clérigo chiita Nimr Al Nimr.

Su muerte fue condenada oficialmente por Irán, un país chiita rival de la Arabia Saudí sunita, pero Rohani hizo al mismo tiempo un llamamiento a poner fin a los ataques contra intereses saudíes y pidió que se juzgara rápidamente a las 50 personas implicadas.

Estos incidentes complican los esfuerzos de Rohani para sacar a su país del aislamiento, simbolizados en el acuerdo histórico en julio de 2015 para obtener el levantamiento de las sanciones internacionales a cambio de modificar su política nuclear.

El nuevo conflicto entre los dos países más influyentes de la región "va en contra nuestra y beneficia a Arabia Saudí y a los radicales", afirma ala AFP Amir Mohebbian, un experto en estrategia política cercano al ministro de Exteriores iraní, Mohamad Javad Zarif.

"La opinión pública, no sólo en Irán sino en el mundo, era más bien desfavorable a Arabia Saudí pero la acción de los radicales ha complicado nuestras relaciones con occidente y los países de la región", añade.

- Cócteles molotov y selfies -

Los ataques contra las legaciones saudíes fueron condenados en todo el mundo y también por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Los incidentes llegan en mal momento para Rohani, que intenta normalizar la imagen internacional de un país que Estados Unidos sigue teniendo en su lista de los que apoyan al "terrorismo".

En las imágenes del ataque contra la embajada se vieron manifestantes lanzando cócteles molotov que provocaron un incendio y otros que subían al edificio para descolgar la bandera. Algunos incluso se hicieron selfies con muebles robados en el edificio.

Los Guardianes de la Revolución, el ejército de élite del régimen islámico, así como la agrupación estudiantil de la milicia Bassidji, que depende de los Guardianes, criticaron públicamente el ataque y negaron estar implicados.

Pero la división entre facciones políticas sigue siendo visible en los medios y los periódicos reformistas favorables a Rohani acusan a los radicales de alimentar la tensión para perjudicarle.

Según Amir Mohebbian, en la disputa entre reformistas y radicales será esencial la posición de Ali Jamenei, el guía supremo de Irán.

Otro experta, Ellie Geranmayeh, especialista en Irán del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, los incidentes reducen el espacio para la diplomacia en las crisis de la región. "Parece que es lo que querían los radicales iraníes y saudíes", asegura. "Irónicamente, la línea dura ha dado quizás a Rohani una oportunidad para convencer al guía supremo de que margine a los más radicales y siga la senda de la diplomacia multilateral", afirma.

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AFP