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Dos personas llegan a una vigilia el 23 de mayo de 2017 en la ciudad inglesa de Mánchester en memoria de las víctimas del atentado suicida en un concierto con panrtas en las que se lee "I love MCR"

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El atentado suicida de Mánchester, que dejó al menos 22 muertos, originó críticas respecto a las medidas de seguridad aplicadas, aunque los expertos apuntan la "vulnerabilidad" de los sitios de gran afluencia pública frente a un ataque "meticulosamente preparado".

La policía confirmó este martes que había jóvenes entre las 22 víctimas que fallecieron cuando un supuesto suicida atacó a los asistentes de un concierto de la estrella estadounidense Ariana Grande en el Manchester Arena, en el norte de Inglaterra.

El ataque dio lugar a comparaciones con el asalto de la sala de conciertos Bataclan de París en noviembre de 2015, en el que murieron 90 personas, mientras que los asistentes al concierto del lunes se preguntaban porqué se les había sometidos a pocos controles de seguridad.

El testigo Chris Pawley declaró a Fox News que "he estado en conciertos antes y a veces te cachean o tienes que vaciar tus bolsillos. No hubo absolutamente nada (de esto) en el concierto de esta noche, literalmente, escanearon nuestras entradas y pasamos dentro".

El usuario de Twitter 'Cellie' publicó: "la seguridad no es buena en el Manchester Arena, nadie registraba nuestras bolsas o chaquetas", aunque otro espectador, James, declaró a Sky News que "las bolsas se registraban y la seguridad era realmente, realmente buena".

El Manchester Arena afirmó que el incidente había tenido lugar "fuera del estadio, en un lugar público", sugiriendo que el atacante se había aprovechado de un punto flaco, al actuar en el área del vestíbulo del estadio, conectada con la estación de trenes Victoria y la estación de tranvía.

"Varios indicadores apuntan al hecho de que el ataque había sido meticulosamente planeado y podrían estar implicados más de un individuo", afirmó Kit Nicholl, analista de seguridad en IHS Markit.

"La posición del atacante suicida y el momento de la detonación, que maximizó las muertes en un espacio cerrado al tiempo que se habían conseguido esquivar los controles de seguridad, sugiere que se había previsto un número importante de elementos para la operación", añadió.

- Escalada de terror en Reino Unido -

Al esperar a que la gente saliera por el perímetro de seguridad antes de llevar a cabo la explosión, el atacante ilustró "la vulnerabilidad de estas citas masivas a pesar de las medidas de seguridad en el lugar y en los propios estadios", según Otso Iho, del Jane's Terrorism & Insurgency Center (JTIC).

Organizadores de eventos como Live Nation, que gestiona varios estadios en Londres, incrementaron la seguridad tras el atentado en el Bataclan, pero no explicaron públicamente qué medidas han tomado.

Las empresas de seguridad también son reacias a ser demasiado invasivas, según Simon Battersby, director del Showsec Group, que tiene al Manchester Arena entre sus clientes.

Esta compañía le dijo a los gestores del estadio Summit de Londres en marzo que "la gente quiere sentirse segura pero también relajada" y que "es importante que los clientes se sientan seguros cuando entran, pero necesitamos hacerlo de una forma amigable".

El Centro de Análisis Conjunto del Terrorismo (JTAC) proporciona unas directrices generales al asignarle a los sitios un nivel de amenaza nacional, que se había fijado en "grave", lo que significa que un ataque era altamente probable.

La guía ayuda a las empresas de seguridad a planear su respuesta pero no las obliga a aplicar medidas concretas, como detectores de metales.

El uso de un artefacto explosivo marca una escalada desde los últimos atentados ocurridos en Gran Bretaña, en los que se habían utilizado armas no sofisticadas como cuchillos o vehículos.

Esto planteará varios interrogantes, puesto que ya hay en vigor medidas para evitar la fabricación de bombas, según los expertos.

"Es particularmente difícil recabar los materiales necesarios para construir un artefacto explosivo casero y evitar ser detectado", declaró Nicholl.

"Desde los atentados de Londres de 2005, se han puesto en marcha medidas para restringir la compra de materiales susceptibles de ser utilizados para fabricar explosivos", añadió.

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AFP