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La líder del partido de extrema derecha francés Frente Nacional, Marine Le Pen (c), termina un discurso después del anuncio de los resultados electorales el 13 de diciembre de 2015 en Henin-Beaumont

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La izquierda en el poder en Francia y la oposición de derecha están obligadas a cuestionarse después de que la ultraderecha obtuviera un récord de votos en las elecciones regionales, a menos de un año y medio de las presidenciales.

Ya este lunes, al día siguiente de los comicios regionales, los enfrentamientos empezaron en el principal partido de la oposición de derecha, Los Republicanos (LR), cuyo líder, el expresidente Nicolas Sarkozy, anunció una nueva dirección que excluye a la actual vicepresidenta de la formación, Nathalie Kosciusko-Morizet, que criticó su política.

Por su parte, el Gobierno del presidente socialista François Hollande va a tomar rápidamente "nuevas medidas en favor del empleo", afirmó una fuente gubernamental, sin dar más detalles.

Hollande ha afirmado varias veces que supeditaba una nueva candidatura a la presidencia al hecho de lograr "invertir la curva del empleo" y, aunque su popularidad aumentó a raíz de su acción después de los atentados de París, necesita resultados económicos para convencer.

La movilización de los electores y el traslado de votos de la izquierda hacia la derecha impidieron que el partido de ultraderecha Frente Nacional ganara, cuando había encabezado los resultados en seis regiones en la primera vuelta.

La prensa francesa no escatimaba este lunes las advertencias a los partidos tradicionales, recalcando que el Frente Nacional es un "perdedor que pesa mucho".

"Ayer los franceses asumieron sus responsabilidades. Esperamos que los políticos elegidos asuman ahora las suyas", escribió el diario Le Parisien.

Y es que, aunque el FN fracasó en su intento de conquistar un Ejecutivo regional, consolidó su peso electoral en esta última elección antes de la presidencial de 2017. Obtuvo cerca del 30% de los votos y 358 escaños de consejeros regionales. "El FN será a partir de ahora la principal formación de oposición en la mayoría de los consejos regionales de Francia", señaló Marine Le Pen.

- "Vieja idea estalinista" -

"Queda un año para empezar a rehabilitar la acción política", escribió el diario de izquierda Libération, estimando que el Partido Socialista, del presidente, François Hollande, "no podrá salvar el pellejo indefinidamente agitando el peligro" de la ultraderecha.

"La derrota para todos", recalcó el diario católico La Croix, advirtiendo de que "si no se aportan respuestas a las inquietudes de los franceses, el Frente Nacional continuará su progresión hasta la próxima cita electoral, la de la presidencial".

El diario francés de referencia Le Monde exhortó el a los dirigentes políticos a "actuar antes de la catástrofe".

Desde hace cinco años, los resultados del FN progresan inexorablemente en cada elección, en base a un discurso contra la Unión Europea y contra la inmigración y de denuncia de los partidos tradicionales, incapaces de superar la crisis y de frenar el desempleo.

Marine Le Pen se presenta como la alternativa al Partido Socialista (PS) y al principal partido de la derecha conservadora, Los Republicanos (LR), partidos del 'establishment' a los que suele nombrar con una sola sigla, uniendo las de ambos.

"La dinámica del FN está ahí", "hasta ahora, el dique aguantó, pero el FN progresa continuamente en el país, y en algún momento el dique se romperá", señaló el politólogo Stéphane Rozès, del instituto Consejo Análisis Prospectiva (CAP).

"Nada podrá detenernos", declaró el domingo Marine Le Pen, denunciando la política de alianza para bloquear al FN como las "derivas de un régimen agónico".

En ese contexto, tras reunirse un buró político del LR, se anunció que el partido se dotará en enero de una nueva dirección, de la que estará excluida su actual vicepresidenta. Sarkozy justificó la medida afirmando que el partido necesita "un nuevo equipo" en aras de "del fondo y de la coherencia". "Preferimos que los responsables del movimiento expliquen las posiciones del movimiento y no otra cosa", agregó.

"Excluir en el momento en que se lanza un debate es una vieja idea estalinista", declaró Nathalie Kosciusko-Morizet. "El partido se refuerza debatiendo" y "pretender empezar el debate excluyendo a quienes no están de acuerdo es peligroso", agregó.

"La exclusión no es nunca una buena respuesta", coincidió el exprimer ministro Alain Juppé, adversario de Sarkozy en las primarias de la derecha para la presidencial.

Otro exprimer ministro de derecha, Jean-Pierre Raffarin, instó a su partido a "trabajar con el Gobierno" para "combatir juntos" a la ultraderecha.

El primer ministro, el socialista Manuel Valls, avanzó la misma idea el domingo, afirmando que "los políticos de todas las tendencias deben poder construir juntos cuando es necesario", tras recordar que el "peligro de la extrema derecha no se ha disipado".

El "frente republicano", la unión de la izquierda y la derecha para frenar al FN, que impidió a este ganar en las regionales, puede servir para presentar a Hollande como el mejor escudo frente a Marine Le Pen en 2017, se considera entre sus partidarios.

El líder de la bancada de diputados socialista, Bruno Le Roux, avanzó incluso la idea de un "gran partido de izquierda reformador" para "regenerar" al PS, "que ya no atrae".

AFP