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Un hombre retira dinero de un cajero automático de Banco Popular en Vilanova i la Geltrú, cerca de Barcelona, el 7 de junio de 2017

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El Banco Popular español, al borde de la quiebra, fue vendido este miércoles al Santander por un euro simbólico en una operación efectuada en horas, y que implica pérdidas del 100% para sus accionistas.

La operación garantiza los depósitos de los ahorristas y en ella no hubo "ningún tipo de ayuda ni de apoyo público", según el ministro de Economía español, Luis de Guindos.

Para el Santander implicará un aumento de capital de 7.000 millones de euros, anunció la entidad, cuya capitalización bursátil es de unos 84.000 millones, la segunda de la Bolsa de Madrid.

El dinero de la ampliación ayudará a financiar unas provisiones adicionales de 7.900 millones, destinadas a cubrir los activos inmobiliarios tóxicos heredados del Popular.

Tras estos anuncios, la acción del Santander concluyó la sesión en Madrid con una caída de 0,88%, a 5,75 euros. La del Popular estuvo suspendida toda la jornada.

En virtud de la operación, "todos los accionistas de Banco Popular Español S.A., así como todos los titulares de bonos contingentes convertibles y de bonos subordinados, han perdido totalmente su inversión", señaló el organismo supervisor de la bolsa española, la CNMV.

Entre esos accionistas está la familia chilena Luksic (3%) y la mexicana Del Valle, que junto con otras poseía un 4,13% del capital.

- Un desplome sin paliativos -

La última semana había sido catastrófica para el Popular: su capitalización bursátil cayó a la mitad (a 1.330 millones de euros) y su acción otro tanto, hasta los 0,32 euros al cierre del martes.

Con la fusión, "se elimina el eslabón más débil", indicó a AFP Juan José Fernández-Figares, analista de Link Securities, que calificó la iniciativa de "positiva" para el sector bancario español, donde "todas las entidades cotizadas son ahora sólidas".

Guindos reconoció que en los últimos días "la salida de depósitos fue muy intensa" en el Popular. El diario El Independiente estimó la fuga de capitales en 18.000 millones de euros en apenas 10 días.

Ante este panorama, el Banco Central Europeo (BCE) estimó el martes por la noche que la entidad estaba en situación de "quiebra o quiebra probable", según indicó en un breve comunicado.

Con esta constatación en mano, informó al Mecanismo Único de Resolución (MRU), que en cuestión de horas adoptó un plan de venta del Popular al Banco Santander, el de mayor capitalización bursátil de la zona euro.

"Fue una noche larga, debo confesarlo", dijo Elka König, presidenta del Mecanismo de Resolución Único.

La fusión representa la primera ocasión en que se emplea el nuevo mecanismo europeo de rescate, vigente desde 2016.

Su propósito es que los bancos sean rescatados sin fondos públicos, como sí se hizo durante la crisis económica y financiera de 2008.

- Un pasivo inmobiliario difícil de digerir -

En los últimos meses, el Banco Popular acusó muy mucho en su contabilidad el peso de los activos inmobiliarios tóxicos acumulados desde el estallido en 2008 de la burbuja.

Dichos activos lo obligaron a provisionar 5.700 millones de euros en 2016, que explican la abultada pérdida de ese año, 3.485 millones de euros.

No obstante, la presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, defendió la fusión afirmando que con ella, el Santander se hará con un "complemento significativo en lo que siempre ha sido la gran fortaleza del Banco Popular, el negocio de pequeñas y medianas empresas", donde éste es líder.

En ese segmento, la entidad resultante tendrá en España una cuota de mercado del 25%, según precisó el Santander poco antes.

Además, la fusión "convierte a Santander en el banco líder en España y el banco líder privado en Portugal", incidió Botín, que pronostica una mayor rentabilidad en ambos países.

Una de las primeras decisiones de Botín, por otro lado, fue cesar al presidente del Popular, Emilio Saracho. Lo reemplaza José García Cantera, hasta ahora director financiero del Santander.

España sigue traumatizada por el recuerdo del rescate europeo en 2012 de su sector bancario, por un monto de más de 41.000 millones de euros.

Oficialmente, el rescate era sólo para el sector bancario, devastado por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, entre las condiciones de los europeos había muchas de carácter macroeconómico.

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AFP