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El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi (c), se sienta entre la portavoz de la institución Christine Graeff y el gobernador del Banco de Estonia, Ardo Hansson, el 8 de junio de 2017 en Tallín

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El Banco Central Europeo (BCE) mantuvo este jueves sin cambios sus tasas de interés, en su mínimo histórico desde hace más de un año y aseguró que no contempla bajarlas más, al tiempo que se declaró optimista sobre la evolución económica de la zona euro.

Según los analistas, el hecho de que no contemple bajarlas a medio plazo es un pequeño cambio en el lenguaje de la institución, que indica más confianza en la economía de la zona euro y podría ser el punto de partida de un futuro abandono de su actual política monetaria acomodaticia.

"Esperamos que [las tasas] se mantendrán a su niveles actuales por un periodo prolongado en el tiempo", dijo el presidente del BCE, Mario Draghi, en una rueda de prensa tras la reunión del consejo de gobernadores, el órgano ejecutivo, que excepcionalmente se reunió en Tallín (Estonia).

La institución mantiene así su tasa principal en el 0%, el tipo aplicado a la facilidad de préstamo en el 0,25% y el interés de facilidad de depósito en el -0,40%.

Por el momento, no piensa subirlas hasta "mucho después" de que termine su programa de compra de deuda pública y privada (el llamado QE, 'Quantitative easing'), que se prevé durará hasta 2018.

Este programa mantendrá hasta entonces su ritmo de compra mensual en 60.000 millones de euros.

La compra de deuda y las tasas bajas empezaron como una medida del BCE para luchar contra la deflación, que afecta negativamente a la actividad económica, un riesgo que ahora parece alejarse.

- Presiones -

El BCE también mejoró sus previsiones de crecimiento para la zona euro (+1,9% de incremento del PIB en 2017, frente al 1,8% en su previsión anterior), pero revisó a la baja las de inflación (+1,5% en 2017).

En los últimos meses, la inflación ha sido muy volátil, "casi totalmente por el precio del petróleo y de la comida (...) nada ha cambiado en términos sustanciales", dijo Draghi, cuyo objetivo es mantener la inflación en un nivel cercano pero no superior al 2%.

"Todos estos factores terminarán por desaparecer, la calidad del empleo mejorará, la productividad, también. Tenemos más confianza en que el rumbo de la inflación convergerá hacia nuestro objetivo de manera más duradera", añadió.

En cuanto al crecimiento, dijo que "los riesgos para el horizonte de crecimiento están ahora claramente equilibrados".

El presidente del BCE insistió en que "hay que ser perseverantes, necesitamos acompañar la recuperación con nuestra política monetaria".

Según Carsten Brzeski, economista de ING Diba bank, "está claro que el BCE está intentando ser lo más prudente posible para salir progresivamente de sus medidas monetarias no convencionales".

El BCE quiere sobre todo evitar agitación en los mercados y teme que el fin de su programa de compra de deuda haga subir los tipos de interés y perjudique a los Estados más endeudados de la zona euro, como Italia.

Al mismo tiempo, la institución está bajo presión de algunos de sus miembros para poner fin al QE, que considera justificado porque no hay riesgo de deflación.

La institución con sede en Fráncfort también está bajo la presión política de países fiscalmente conservadores, como Alemania, que temen las consecuencias para sus ahorristas de las tasas bajas y de una inflación al alza.

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