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El papa Francisco reza durante una celebración el Viernes Santo en la basílica de San Pedro, el 25 de marzo de 2016, en el Vaticano

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El terremoto provocado por el Brexit debe conducir a una "refundación" de Europa, afirma monseñor Paul Richard Gallagher, arzobispo británico y jefe de la diplomacia vaticana, en entrevista con la AFP, en la que también habla de la relación con la ONU y África.

P:¿Cómo quieren acompañar la Santa Sede y el papa el sismo que implica el Brexit?

R: Evidentemente, la Santa Sede respeta completamente las decisiones del pueblo de Reino Unido. También es cierto que la Santa Sede ha alentado el proyecto europeo desde los primeros días de su creación.

Esperamos que los objetivos del conjunto del proyecto europeo puedan ser protegidos, preservados y incluso reforzados. El papa cree que es necesaria una refundación de Europa, así como una reafirmación de sus valores y objetivos tradicionales. Se trata de una invitación a que los dirigentes europeos se escuchen con más atención para que las preocupaciones de sus pueblos se reflejen en las decisiones a nivel europeo.

P: ¿Cómo se entiende la diplomacia vaticana con la ONU, cuando el papa la acusa de avalar las "colonizaciones ideológicas" de los países ricos sobre los pobres, desde la contracepción a los derechos de los homosexuales?

R: El papa desea una diplomacia que sitúe a la persona en el centro, una diplomacia auténticamente evangélica. Desea que la Iglesia no solo se interese por lo que se hace a nivel gubernamental, sino también en el seno de los países, entre la gente.

Respecto a la ONU, hay aún temas en los que la Santa Sede está en desacuerdo, pero también existe una determinación por parte de la Santa Sede por subrayar lo positivo y alentarlo, más que concentrarse excesivamente en las cuestiones en la que tiene el deber de mostrar reservas.

Occidente exporta sus recetas como si siempre fueran las buenas. Y solo cuando se tiene un profundo respeto por las culturas y creencias se puede mantener una relación sana. Imponer las cosas puede dar resultados muy negativos.

Ante la inmigración conviene alentar a las comunidades, las conferencias episcopales y los gobiernos locales a que den una respuesta generosa e integralmente humana.

P: La Iglesia tiene una gran influencia en África, pero, ¿es lo suficientemente enérgica frente a la manipulación de elecciones, la corrupción y las tensiones tribales?

R: La diplomacia de la Santa Sede trata de animar a los gobiernos en África a ser buenos gobiernos. Ahí donde hay corrupción, con frecuencia también está el efecto de la acción de quienes corrompen desde el exterior.

Uno de los desafíos de África es la fidelidad a las constituciones de los países. Muy a menudo los conflictos estallan porque los dirigentes no parecen querer seguir esos principios reconocidos.

Si la Iglesia es exigente respecto a los dirigentes políticos, también debe dar ejemplo. En el seno de la Iglesia debemos ser muy claros y netos sobre nuestra identidad. Somos miembros de la Iglesia independientemente de nuestra raza y nuestra tribu.

Por otro lado, observamos también un fenómeno de tribalismo en la mayoría de países occidentales. Simplemente, es más sutil. Tednemos a clasificar a las personas en pequeñas cajas. Tenemos que luchar contra toda identidad tribal, también en el seno de la Iglesia.

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AFP