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Protesta contra el Brexit ante el Parlamento británic, en Londres, en 2016. Un año después del referéndum, Canterbury ha vivido una revolución política, con la elección de un escaño laborista en lugar del tradicional conservador

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La ciudad medieval inglesa de Canterbury ignora cómo acabarán las negociaciones con la Unión Europea, pero ya puede atribuirle al Brexit, de cuya victoria se cumple un año, una revolución en la política local.

Tras ostentarlo durante 160 años, los conservadores perdieron, en las elecciones del 8 de junio, el escaño en el Parlamento por esta ciudad del sudeste de Inglaterra, gracias a la movilización de unos jóvenes que se vengaron de un Brexit del que culpan a los más viejos.

Los laboristas ganaron el escaño con una candidata proeuropea y por apenas 187 votos. "Una conmoción", lamentó Kevin Brocklebank, un publicista de 60 años que votó a los conservadores. "Esperaba que fuera ajustado, pero no creía que fuera a ocurrir".

Julian Brazier, un euroescéptico, había sido diputado por Canterbury desde 1987, hasta que la laborista Rosie Duffield se impuso con una campaña puerta a puerta.

"Trataba de reducir la ventaja de los conservadores, no imaginaba que tuviera posibilidades" de ganar, explicó Duffield a la AFP. "Fue una gran noticia".

La diputada estima que el Brexit, que rechazaron el 53% de los electores de Canterbury en el referéndum del 23 de junio de 2016, perjudicará a la economía de esta ciudad, que cuenta con tres edificios catalogados como patrimonio mundial por la Unesco: la catedral, la abadía de San Agustín y la iglesia de San Martín, del siglo VI, la más vieja todavía en uso de todo el país.

- 40.000 estudiantes -

"Nuestra economía depende de nuestra relación con Europa", subrayó la diputada, citando el turismo (14% de los empleos) y los programas de intercambio internacionales que aportan dinamismo a las tres universidades locales.

La presencia de 40.000 estudiantes en la ciudad contribuyó a "esta auténtica sorpresa" en las elecciones, estimó Amelia Hadfield, profesora de la Universidad Christ Church de Canterbury, y directora del Centro de estudios europeos.

"La mayoría de los jóvenes votaron a favor de seguir en la UE, y vieron, con estupefacción, como el resto del país votaba a favor de la salida. Están muy decepcionados, sienten que les fastidiaron el futuro", explicó.

Había entre ellos "una determinación muy grande a no dejar pasar esta oportunidad", añadió.

En apenas un año desde el referéndum, el número de electores registrados en Canterbury aumentó un 10%, una subida que favoreció a los laboristas, que duplicaron su número de votos mientras que los conservadores se limitaron a mantener los suyos.

- Votos comprados -

Tobias Issac, de 19 años, votó por primera vez el 8 de junio. No se molestó en registrarse como elector el año pasado, estimando que "no tenía suficiente experiencia política".

Molesto por el Brexit, este estudiante de fotografía decidió votar a los laboristas, aunque, dijo, "toda mi familia vota por los conservadores".

La victoria laborista todavía escuece a algunos. John Lemond, de 62 años, afirma que Rosie Duffield "no representa a Canterbury", y que los laboristas "compraron" los votos de los estudiantes prometiendo suprimir las tasas universitarias.

En un artículo publicado en la prensa nacional, un exalcalde de Canterbury, George Metcalfe, reclamó que los estudiantes voten únicamente en su ciudad de origen.

"Es un error" que aquellos que viven temporalmente en la ciudad "decidan el clima político que nosotros, como una circunscripción tradicionalmente conservadora, hemos mantenido durante más de 100 años", lamentó Metcalfe.

Una reinvidicación que fue percibida como poco democrática en el campus de la Universidad de Christ Church.

Rosie Jacksonhorn, estudiante de literatura, no sabe dónde estará en las próximas elecciones, las locales de 2018. Espera continuar su másters en Alemania el año que viene. "Es quizás nuestra última oportunidad de partir a estudiar al extranjero", lamentó.

AFP