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Angela Merkel, durante una exhibición automotriz en Frankfurt, Alemania, el 17 de septiembre de 2015

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A medida que se acercan las elecciones legislativas, Angela Merkel y su oponente socialdemócrata rivalizan en ataques contra el sector estratégico del automóvil, sumido en un escándalo, para tranquilizar a aquellos alemanes temerosos de tener que pagar por los fraudes de esta industria.

La canciller conservadora y Martin Schulz tienen que encontrar el equilibrio entre la defensa de los propietarios de vehículos diésel afectados y la salvaguarda de una industria que brinda 800.000 empleos directos, además de distanciarse de los numerosos puentes entre el mundo del automóvil y la clase política, apuntan los analistas.

"'La malvada gran industria debe cambiar' se anuncia como el tema de la campaña", afirmó a la AFP Nils Diedrich, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Libre de Berlín, dos años después de que estallara el "dieselgate", el escándalo sobre las emisiones contaminantes de once millones de vehículos Volkswagen que ha sacudido a la industria.

Angela Merkel pasó a la ofensiva el sábado, después de haber sido criticada por su silencio cuando la prensa reveló, en julio, las sospechas de un cártel entre Volkswagen, sus filiales Audi y Porsche, y Daimler y BMW.

"Secciones enteras de la industria del automóvil han socavado una parte increíble de la confianza" de los consumidores, lanzó la canciller, favorita para los comicios del 24 de setiembre, advirtiendo que "se tomarán medidas".

Por su parte, Schulz criticó a los directivos "irresponsables" que se han "adormecido ante el futuro". "Los conductores de diésel en Alemania no deberían tener que pagar la factura por su irresponsabilidad", dijo, mientras que los automovilistas temen tener que pagar para que sus coches sean menos contaminantes.

El socialdemócrata también propuso instaurar una cuota europea de vehículos eléctricos, una idea que Merkel rechazó, más interesada en estimular la inversión en tecnologías más limpias, una tendencia a la que los grupos alemanes han llegado demasiado tarde.

Con todo, los comentaristas advierten que estos discursos no dejan de estar impregnados de una cierta hipocresía, habida cuenta de los vínculos que ambos partidos -la CDU de Merkel y el SPD de Schulz- tienen con los gigantes del automóvil.

"No ganarán muchos nuevos apoyos, el público alemán es consciente de la estrecha relación entre la industria del automóvil y los políticos", sostuvo Carsten Brzeski, economista jefe de ING Diba.

- La 'canciller del automóvil' -

Según un sondeo publicado a principios de agosto, el 57% de los encuestados habían perdido la confianza en el sector y dos tercios consideraban que los políticos y la industria del automóvil eran demasiado próximos, en detrimento de los intereses de los ciudadanos.

Una opinión que gana relevancia al llegar justo después de una "cumbre del diésel", organizada por el gobierno, en la que los constructores aseguraron su compromiso de reducir las emisiones contaminantes adaptando el programa de más de cinco millones de vehículos diésel de Alemania y asumiendo ellos los costes.

La reunión fue organizada ante el temor de que las ciudades decretaran prohibiciones para la circulación de los vehículos diésel. Pero, para numerosos expertos, las soluciones propuestas siguen siendo insuficientes.

"La crítica [de Merkel respecto a la industria automotriz] es muy dura, es cierto. Pero, en realidad, es más de lo de 'no cambiemos nada'. No hay medidas concretas [...] es sólo un intento de sacar [el tema de actualidad] de cara a las legislativas", denunció ante la prensa el líder de la oenegé ecologista Deutsche Umwelthilfe, Jens Resch.

Antes de su reelección en 2013, a Merkel se la conocía como la "canciller del automóvil", tras haber combatido en Bruselas contra un umbral de las emisiones contaminantes ideado por la UE. Un compromiso que se vio recompensado con una donación de casi 700.000 euros de la familia Quandt, gran accionista de BMW, para el partido de Merkel, la CDU.

El SPD tampoco se libra de las críticas. En el Land de Baja Sajonia, accionista en un 20% de Volkswagen, el ministro-presidente de la región, Stephan Weil (SPD) está en el punto de mira después de que autorizara a Volkswagen a corregir uno de sus discursos de otoño de 2015, en pleno "dieselgate".

Y, mientras tanto, el partido de la derecha nacionalista AfD se ha erguido como defensor del diésel, denunciando una "caza de brujas".

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AFP