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Varios vehículos avanzan en una calle de Santiago cubierta por nieve, el 15 de julio de 2017

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En el país más sísmico del mundo, los remezones que cada tanto azotan a la capital chilena apenas si alteran la vida de la población más allá del susto, pero la lluvia o la nieve suelen poner a prueba los servicios básicos de Santiago.

La moderna urbe, de casi siete millones de habitantes, se remeció en abril con un terremoto de 6,9 de magnitud, que si bien generó escenas de pánico entre la población y colapsó la señal de teléfonos móviles en un primer momento, no ocasionó daños. Los altos estándares de sus construcción antisísmica lo explican.

Pero en cuanto llueve fuerte o nieva, como sucedió este fin de semana, suele haber cortes prolongados de electricidad o agua y a veces de ambas.

La mayor nevada en casi cuatro décadas que cayó sobre Santiago este sábado dejó a más de un millón de personas sin suministro eléctrico por varias horas. En algunos sectores de comunas como Ñuñoa o Providencia, el apagón prosigue, tres días después.

Las fuertes lluvias que cayeron a fines de febrero dejaron también a casi 5,6 millones de personas sin agua por varios días. Un fenómeno que se repitió en abril, con otra lluvia que volvió a dejar sin este servicio a más de 880.000 hogares.

Un año antes, las fuertes precipitaciones desbordaron el céntrico río Mapocho de Santiago, dejando a más de la mitad de la población sin agua y ocasionaron millonarias pérdidas.

"Es absolutamente injustificable que las empresas eléctricas no estén a la altura de las circunstancias", criticó el lunes la vocera del Gobierno, Paula Narváez, cuando la indignación crecía en los 7.500 hogares que aún no contaban con luz después de más de dos días.

- Capacidad antisísmica -

Por su condición sísmica, Chile ha tenido que dotarse de infraestructura y viviendas capaces de minimizar los daños que causan sus frecuentes y fuertes terremotos e incluso exporta su conocimiento antisísmico a América Latina y a otros países del mundo.

No ha pasado lo mismo con sus servicios de distribución eléctrica y de agua potable, puestos a prueba sobre todo en el último año con anormales fenómenos climáticos.

"Estamos viviendo situaciones muy atípicas con el sistema climático y ha habido un poco de pasividad en cuanto a las empresas de distribución (de electricidad) y las municipalidades en la realización de un mantenimiento preventivo", explica a la AFP el director del departamento de Ingeniería eléctrica de la Universidad de Santiago de Chile, Humberto Verdejo.

Con una ley que data de hace tres décadas, las empresas tienen pocos incentivos para prevenir emergencias.

"El modelo económico actual no incentiva a que las empresas realicen inversiones que mejoren la calidad y seguridad de su suministro", agrega Verdejo.

Ley General de Servicios Eléctricos se dictó en 1982, en plena dictadura de Augusto Pinochet, que privatizó completamente – por primera vez en el mundo - los servicios de transmisión, distribución y generación eléctrica.

Hace dos años, se modificó la ley de generación eléctrica para incentivar el desarrollo de energías renovables, mientras que este año se renovó la ley de transmisión eléctrica para mejorar la conectividad de los diferentes sistemas que operan hoy en el país.

Tras la emergencia del fin de semana, el ministro de Energía, Andrés Rebolledo, planteó la necesidad de modificar la actual normativa de distribución, sobre todo ante el incremento del consumo eléctrico en los hogares chilenos que se ha triplicado en las últimas tres décadas.

"Estamos convencidos de los eventos de esta última semana dan cuenta de que es ineludible poner al día las reglas del juego y modernizar nuestra ley de distribución eléctrica", dijo Rebolledo.

"Necesariamente tenemos que modernizar la legislación", coincide Verdejo, quien plantea que de otro modo los costos de las mejoras –como soterrar el cableado eléctrico- se traspasarían a los usuarios.

Al debe también se encuentran los servicios de distribución de agua potable. Las lluvias cordilleranas arrastraron material hasta las plantas de agua potable que abastecen a gran parte de Santiago, mostrando que la capital chilena tampoco está preparada para asegurar su suministro de agua potable.

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AFP