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La madre del palestino Basim Salah, sentada delante de un retrato de su hijo -abatido cuando presuntamente intentaba acuchillar a un policía israelí- en su casa en Naplusa, en la Cisjordania ocupada, el 3 de enero de 2016

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La familia del palestino Basim Salah esperó un mes a que los israelíes le entregaran sus restos mortales. Cuando los recibió, tuvo que retrasar el ritual funerario porque el cadáver estaba congelado y no podía enterrarlo dignamente.

Basim Salah, de 38 años, murió a finales de noviembre en Jerusalén a manos de policías israelíes cuando, según los agentes, agredía a uno de ellos con un cuchillo. Su cadáver, como los de otras decenas de autores o presuntos autores de ataques, se convirtió en el objeto de una confrontación macabra entre la tristeza y el sentido de lo sagrado de los familiares y los cálculos de seguridad y políticos de los israelíes.

El hermano de Basim Salah, Saad, retrató con su teléfono móvil el espanto de los suyos cuando vieron el cuerpo, que lograron recuperar gracias a la Media Luna Roja palestina.

Durante un mes, su familia, residente en Naplusa, en la Cisjordania ocupada, reclamó el cadáver porque, según la tradición musulmana, debe enterrarse poco después del fallecimiento. "Sólo queríamos enterrarlo. Enterrar a un muerto es honrarlo", explicó Saad. Pero hubo que retrasar el entierro porque el cadáver estaba en una postura rara, aparentemente por haber permanecido en la cámara frigorífica de un depósito. Hubo que "dejar derretir el bloque de hielo durante un día", cuenta su hermano.

Ante la espiral de violencia, Israel anunció que no devolvería más cuerpos a los familiares de los autores de atentados. Esta confiscación formaba parte de una batería de medidas, algunas de ellas puestas en entredicho por los defensores de los derechos humanos. Pronto fue cuestionada, no sólo por la opinión pública palestina, sino también dentro del Gobierno israelí.

- Cadáveres en los depósitos -

En la práctica, las autoridades han retrasado la entrega de los restos mortales, en algunas ocasiones hasta más de tres meses.

La violencia ha causado 156 muertos palestinos y 24 israelíes desde el 1 de octubre, según un recuento de la AFP. La mayoría de los palestinos fallecidos eran autores o presuntos autores de atentados.

Israel llegó a confiscar 56 cadáveres, según fuentes palestinas. Pero entre finales de diciembre y comienzo de enero, devolvió decenas de cuerpos.

Abdalá Abu Hilal, doctor del centro médico de Abu Dis, cerca de Jerusalén, vio desfilar los cuerpos petrificados por el hielo. Los restos mortales de Mazen Aribeh, de 37 años, "estaban tan congelados que hicieron falta 20 personas para transportarlos", declaró a la AFP. "Por el estado de los cuerpos, de las cabezas, los israelíes deben tirarlos a las cámaras frigoríficas sin la más mínima precaución", añadió.

Israel posee todavía diez cuerpos de palestinos, todos de Jerusalén Este.

La policía, bajo la autoridad del ministro de Seguridad Interior, Gilad Erdan, opera en la parte árabe de la ciudad ocupada por Israel. El ejército está a cargo de las operaciones en Cisjordania.

- "¡De noche no!" -

"Las familias de los terroristas convierten los funerales en manifestaciones de apoyo al terrorismo y en llamamientos al asesinato, es inaceptable", alegó Erdan.

La prensa israelí se ha hecho eco de las reservas del ministro de Defensa, Moshé Yaalon, y de parte del Estado Mayor. Para ellos, privar a los palestinos de este ritual "acentúa las tensiones", dijo un responsable a la AFP.

Los generales tampoco quieren que se piense que el ejército actúa como sus enemigos del Hamas palestino o del Hezbolá libanés, amigos de mercadear con los cuerpos de los israelíes.

Al final, el Gobierno optó por dar libertad de acción a los ministros, según el diario Haaretz.

Aun cuando restituye los cuerpos, Israel pone condiciones. Algunos entierros tienen que ser de noche, con un número limitado de personas.

Algunas familias en duelo afirman haber tenido que pagar miles de séqueles de fianza (1.000 séqueles son 250 dólares o 232 euros), que recuperan sólo si los funerales se ajustan a las normas israelíes. Algunos palestinos tienen la sensación de pagar por los restos mortales de sus hijos.

En Jerusalén Este, Mohamed Alian, sigue esperando el cuerpo de su hijo Bahaa, de 22 años, abatido después de haber matado, junto con otro palestino, a tres personas a mediados de octubre. Israel destruyó la vivienda familiar y retiene el cuerpo. Pero su padre asegura que no se plegará. "A mi hijo no lo enterraré de noche, ni a cambio de una fianza, ni fuera de Jerusalén", afirma.

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AFP