El crecimiento del Producto Interior Bruto del Reino Unido se ralentizó sólo un poco en 2017 pese a la incertidumbre del Brexit, para situarse en el 1,8%, anunció este viernes la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS).

El PIB, que había aumentado un 1,9% en 2016, acabó limitando los daños pese a la pérdida de poder adquisitivo de los británicos por la devaluación de la libra y la consiguiente inflación y el temor de las empresas a la salida de la Unión Europea en 2019, que frenó sus inversiones.

Al final, el crecimiento se benefició de un cuarto trimestre mejor de lo esperado por los economistas, con un incremento del 0,5% respecto al precedente.

"El impulso a la economía a finales de año vino de una gama de servicios que incluyen las agencias de empleo, los agentes inmobiliarios y la administración de oficinas", explicó Darren Morgan, director de la ONS.

Sin embargo, "otros servicios -sobre todo los que están de cara al consumidor- mostraron un crecimiento mucho más lento", añadió.

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