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Ahmed Ben Amor, vicepresidente de los "Shams", la asociación para la descriminalización de la homosexualidad, en entrevista en Túnez el 9 de mayo de 2016

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El debate sobre la homosexualidad sale a plena luz en Túnez, con programas de televisión dedicados al tema o la reciente exposición de una bandera arco iris en la principal arteria de la capital, pero el rechazo social es aún grande y la legislación hostil.

La defensa de los derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT), durante mucho tiempo tabú o discreta, se afirma poco a poco tras la revolución de 2011, y la consecuente liberación de la palabra. Varias asociaciones han nacido desde entonces, como Mawjoudin ("Existimos") o Shams ("Sol").

El debate ha irrumpido en el escenario público ya desde la pasada primavera boreal, con claros llamados de las asociaciones a despenalizar la homosexualidad. El artículo 230 del Código penal castiga la sodomía y el lesbianismo con tres años de prisión.

"No veo por qué tenemos que vivir escondidos. Nuestra vida privada es asunto nuestro" afirma a la AFP el joven vicepresidente de Shams, Ahmed Ben Amor, quien con 19 años fue expulsado de su familia y de su liceo al haber anunciado su homosexualidad.

Las asociaciones, pese a la hostilidad de buena parte de la población, han celebrado estos últimos meses reuniones abiertas al público. Militantes LGBT, desfilaron incluso en Túnez capital el 14 de enero, aniversario de la revolución, portando una bandera arco iris.

En una muestra del oprobio, o incluso del odio que generan, decenas de personas les gritaron que se "largaran", obligando a la policía a escoltarlos a una calle adyacente.

- 'Impensable' -

Hoy, la homosexualidad se ha convertido en tema recurrente en los medios tunecinos.

Escuchar a personas hablar públicamente de homosexualidad era "algo impensable hace algún tiempo" destaca Wahid Ferchichi, universitario y presidente de la Asociación tunecina de defensa de las libertades individuales.

"El contexto post-revolución ha permitido a una minoría expresarse y reivindicar su existencia" explica el sociólogo Mohamed Jouiri, para quien "la situación de los homosexuales en Túnez es mucho mejor que en otros países árabes".

Pero esta situación sigue siendo muy delicada.

"Cuando eres homosexual en Túnez, debes tener dos caras" confía a la AFP un joven homosexual de Bizerte (norte). "Con los heterosexuales, no debes mostrar que eres diferente porque puedes sufrir una agresión. Otro riesgo importante es la ley" explica.

El año pasado, varios jóvenes fueron detenidos y condenados a prisión por homosexualidad. Un tribunal de Kairuán (centro) agregó incluso a la condena una pena de cinco años de destierro de la ciudad.

El presidente tunecino Béji Caid Essebsi consideró arcaica esta última medida, pero no se pronunció sobre la pena de cárcel y excluyó categóricamente la despenalización de la homosexualidad. "Me niego" a abrogar el artículo 230, aseguró en una entrevista a una televisión egipcia.

Varias ONG han criticado también el recurso a tests anales durante las detenciones, un trato que consideran "cruel, inhumano y degradante".

- 'Peor que la peste' -

En la vida diaria, los homosexuales sufren un profundo rechazo social y una hostilidad general.

"Ser homosexual en Túnez es peor que tener la peste" asegura Mohamed Ali, de 22 años, uno de lo estudiantes detenidos en Kairuan.

El joven se declara aún traumatizado por el examen anal que padeció bajo la mirada de dos policías, y su estancia en una prisión de Susa (centro), donde cuenta haber sido agredido y ridiculizado por ser homosexual.

En un video que circula por internet, un imán de Sfax (centro-este) afirmó recientemente que si dos hombres eran declarados culpables de sodomía, debían ser condenados a muerte, ejecutados lanzándolos de un edificio, y luego lapidados sus cuerpos.

Ante el parlamento, un diputado del partido islamista Ennahdha, Abdellatif Mekki, defendió la penalización de la homosexualidad al considerar que la asociación Shams representaba "un peligro" para la paz, y "un pecado grave".

Y los partidos llamados progresistas se muestran sumamente timoratos sobre este tema --cuando no claramente opuestos a la homosexualidad-- por temor a la opinión pública.

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AFP