En Qamishli, considerada la "capital" de los kurdos de Siria, que siguen controlando esta ciudad cercana a la frontera turca, la incertidumbre y sentimiento de abandono de los habitantes van en aumento ante la inestabilidad y los juegos de poder que vive esta región.

"Lo que más miedo me da es que no hay nada claro. Nadie sabe qué pasará con esta región", explica Saad Mohamad, un comerciante de 35 años.

"¿Volverá el régimen [sirio]? Se desplegarán los rusos y los turcos? O quizás volverán los estadounidenses? No entiendo nada", dice este licenciado en literatura árabe.

Para los kurdos de Siria, la evolución de la ofensiva turca contra las fuerzas kurdas de Siria –a la que siguió una tregua negociada separadamente por Estados Unidos y Rusia con Turquía– es clave para su superviviencia.

La autoproclamanda autoridad kurda en estas regiones del norte y del noreste de Siria (casi un 30% del territorio sirio) parece estar más que nunca en entredicho.

Las fuerzas kurdas, que en octubre perdieron el apoyo de Washington frente a la ofensiva turca, pidieron ayuda al régimen de Bashar Al Asad, que decidió desplegar sus tropas en varias sectores del norte y el este por primera vez desde 2012.

El ejército turco y sus aliados en Siria tomaron una gran zona de 120 kilómetros en la frontera. Tras la retirada de la principal milicia kurdosiria, las Unidades de Protección Popular (YPG), hay patrullas turco-rusas en la región.

La vida de Saad, como la de miles de habitantes de Qamichli, se ha visto profundamente afectada varias veces en pocas semanas.

La retirada de los soldados estadounidenses ordenada por el presidente Donald Trump, considerada como una traición por los kurdos, "tuvo un enorme efecto para nosotros", asegura. "La gente está enferma de preocupación".

- Aparente normalidad -

Hace tres semanas, durante la ofensiva turca, las tiendas de Qamichli estaban cerradas y las calles desiertas. Pero hoy la ciudad vive en una aparente normalidad, los coches vuelven a circular y los vendedores de frutos secos intentan atraer como siempre a los clientes.

Cerca del mercado se ven varias banderas sirias junto a un retrato de Bashar Al Asad. "La vuelta del régimen es la menos mala de todas las opciones, siempre será mejor que una vida bajo el yugo de las fuerzas turcas", dice Saad.

Pero también asegura que se irá si los soldados sirios se despliegan dentro de la ciudad. La aparición de uniformes sirios preocupa a la minoría kurda, que pasó años marginada y oprimida por el gobierno central de Damasco.

En 2014, Jano Shaker huyó de Damasco tras participar en las manifestaciones contra Bashar Al Asad y encontró refugio en Qamichli.

"La vuelta del régimen amenaza a la gente como yo, que logró encontrar aquí un espacio de libertad", explica a la AFP este kurdo de 37 años. Según él, sin embargo, ahora "el régimen no podrá comportarse con la misma arrogancia".

Los acontecimientos de las últimas semanas pusieron el foco internacional en el destino de los kurdos de Siria, asegura Saad. "En 2019, la cuestión kurda se convirtió en una causa mundial".

El comerciante dice que no quiere irse de la zona, incluso si vuelve el régimen. "¿Como puedo dejar mi pueblo en un momento así? (...) Tendría vergüenza".

Hosam Ismail, un licenciado en derecho que trabaja para sobrevivir como joyero artesano, confía más en la protección de la administración kurda que en una hipotética movilización internacional.

"Me están buscando para hacer el servicio militar [sirio], claro que tengo miedo", asegura, aunque se declara optimista.

"Estoy seguro de que la administración kurda encontrará una solución y los compromisos necesarios para evitar que el régimen vuelva a tener el peso que tenía antes de la guerra".

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