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Combatientes rebeldes sirios en Ain Tarma, en la región de Guta Oriental, en julio de 2017

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Abú Jaafar desertó del ejército sirio tras recibir la orden de disparar a los manifestantes y combatió con varios grupos rebeldes pero, seis años después, está muy desilusionado con la reducción del apoyo de Estados Unidos.

Este rebelde treintañero pasó tres años entre rejas por haber desobedecido las órdenes y afirma ser un combatiente muy apreciado por los instructores estadounidenses.

Pero en esta guerra que ha causado más de 330.000 muertos y millones de desplazados, Abu Jaafar se pregunta a veces cuál es el objetivo de su lucha.

"Estoy deprimido y me quiero ir, pero pienso que si me voy, otros se irán y el país quedará todavía en peor estado", declara a la AFP a través del servicio de mensajería instantánea WhatsApp.

El anuncio a finales de julio del gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, del final del programa de apoyo a los combatientes antirrégimen lo convenció de que Siria no es más que un peón de ajedrez en una guerra entre potencias extranjeras.

"Los grupos rebeldes son peones en un tablero de ajedrez. La mesa (de juego) está en Turquía, Trump se encuentra a un lado y (el presidente ruso Vladimir) Putin al otro", dice con pesar.

- Ensangrentado -

Su verdadero nombre es Jaled Karzun. Es originario de la provincia central de Homs y con 17 años entró en una escuela de oficiales de las fuerzas especiales.

Cuando en marzo de 2011 estallaron las protestas que reclamaban reformas políticas, el militar recibió la orden de abrir fuego contra los manifestantes en la región en la que estaba desplegado. "La represión fue tan brutal que no acertaría a describirla", recuerda.

Seis meses más tarde Abu Jaafar, su nombre de guerra, y varios oficiales se amotinaron pero fueron capturados y condenados a 15 años de reclusión en la tristemente célebre prisión de Saydnaya, en la que su mujer sólo podía visitarlo dos veces al año.

"Tres horas antes de la visita, me torturaban y golpeaban para que ella me viera cubierto de sangre", recuerda. Lo liberaron en 2014 tras la reducción de su pena.

Una semana después se unió al movimiento rebelde Hazm, cuando la rebelión que luchaba contra el régimen controlaba regiones extensas, incluida la mitad de Alepo, la segunda ciudad del país.

Ese año Estados Unidos y otros países aliados entrenaban y armaban a grupos rebeldes, como Hazm, a través de una sala de operaciones basada en Turquía y conocida por el acrónimo turco MOM.

Abu Jaafar pasó un mes entrenándose en Arabia Saudí pero a su regreso a Siria se sintió decepcionado con la actitud algo corrupta de sus compañeros. "Me perdí los años más apasionantes de la revolución porque estaba preso. Luego la revolución se convirtió en negocio".

"Me rebelé por honor, otro lo hizo contra la injusticia, otro porque su hermano estaba en prisión", cuenta. "Pero ahora cada uno actúa por interés propio". Se fue de Hazm en septiembre de 2014.

- Un hijo muerto -

Durante meses trabajó como conductor de autobús cerca de Alepo. Su mujer dio a luz a un niño. "Vivió 21 días. Murió por un ataque aéreo".

Al comienzo de 2016 fue reclutado por la Unión Fastaqem, una facción rebelde de Alepo. "Recibíamos armas cada mes, salarios, material médico, vehículos..." del MOM, afirma.

Llegó a dirigir un entrenamiento de miembros de Fastaqem en Turquía y en Catar, países que apoyan a la insurgencia. "Tenía muy buenas relaciones con los estadounidenses, me apreciaban mucho".

Pero cuando el régimen se apoderó de Alepo, el grupo se debilitó.

Abu Jaafar se alistó en las Brigadas Mutasem, otra facción rebelde que combate a los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI).

Esta brigada sigue recibiendo ayuda del Pentágono a través de un programa distinto del de MOM.

Abu Jaafar combate al EI y no al régimen. "Quizá también nos toque a nosotros, y el Pentágono deje de apoyarnos", afirma.

La prioridad de Estados Unidos en Siria es acabar con el EI. Concentra toda su ayuda en la alianza kurdo-árabe de las Fuerzas Democráticas Sirias, que intenta expulsar a los yihadistas de su bastión sirio de Raqa.

En la ciudad de Azaz (norte), donde vive con su esposa y su hija de seis años, Abu Jaafar se pregunta qué va a pasar.

"Alepo se acabó y Raqa pertenece a las FDS. Es difícil. Después del régimen, tuvimos (al jefe del EI) Abu Bakr al Bagdadi. Después de Bagdadi, tuvimos a Mohamad Jolani", el jefe del antiguo brazo sirio de Al Qaida.

"Tengo 31 años y he visto más cosas que alguien de 90".

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AFP