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Más allá del estilo belicoso, Trump pidió un cambio de sustancia, haciendo ver que quiere desandar el camino avanzado en el último medio siglo en materia de normas e instituciones internacionales y volver a la supremacía del Estado-nación

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La primera alocución del presidente Donald Trump en la ONU tuvo mucho ruido de sables, pero también atisbos de una doctrina propia que podría transformar el papel de Estados Unidos en el mundo.

Un observador lo describió como una "tormenta de Twitter de 42 minutos" y otro dijo que era la versión "en esteroides del discurso sobre el 'eje del mal'" del expresidente George W. Bush.

Pero en muchos aspectos, la primera aparición de Trump frente al estrado de mármol verde de la Asamblea General de Naciones Unidos fue todo lo que se esperaba del beligerante e iconoclasta empresario devenido político, algo que nadie habría esperado de cualquiera de sus antecesores, anunciando un nuevo estilo de liderazgo en el escenario mundial.

La retórica de Trump, que calificó al líder norcoreano, Kim Jong-un, de "hombre cohete" en una "misión suicida", fue bienvenida por sus simpatizantes, pero dejó a sus aliados alrededor del mundo atónitos ante el cambio que ha operado en la mayor potencia global.

Más allá del estilo belicoso, Trump pidió un cambio de sustancia, haciendo ver que quiere desandar el camino avanzado en el último medio siglo en materia de normas e instituciones internacionales y volver a la supremacía del Estado-nación.

En su discurso mencionó las palabras "soberano" y "soberanía" 21 veces, un recurso mayormente usado en tiempos modernos por China para desviar las críticas a su cerrado sistema, o por Rusia y Venezuela para denunciar una interferencia estadounidense en sus asuntos nacionales.

Asistentes de Trump dicen que el llamamiento al fortalecimiento del Estado-nación no es un choque contra el multilateralismo per se, sino el rechazo a una globalización que diluye la voluntad de la gente.

Pero los aliados de Washington se quedaron con la clara sensación de que la doctrina de Trump de "Estados Unidos primero" significa solo Estados Unidos.

"En Estados Unidos no buscamos imponerle nuestro modo de vida a nadie, pero en cambio dejamos que brille como un ejemplo para todos", dijo Trump.

Atentos a crear una base intelectual para la visión del presidente sobre el mundo, altos asesores de Trump habían anunciado el discurso como "profundamente filosófico".

Para la Casa Blanca, esa idea es útil para contrarrestar a los críticos que consideran que Trump no tiene peso intelectual y un comienzo para construir un legado ideológico que podría sobrevivir más allá de su presidencia.

Pero también refleja la continuada influencia de ideas nacionalistas en la Casa Blanca, incluso después de la partida del controvertido asesor Steve Bannon.

El discurso de Trump mostró la influencia de asesores como Stephen Miller, quien tuvo un rol importante en su redacción y que parece seguir los pasos del asesor de Barack Obama Ben Rhodes, quien amasó importante poder detrás de la máquina de escribir.

Pero el establishment de la diplomacia estadounidense -para nada predispuesto a alabar al presidente- señaló varias contradicciones que cuestionan la creación de una cohesionada "doctrina Trump".

Aunque insistió en que Estados Unidos ya no se encarga de instalar democracias en otros países, Trump llamó a recuperar la democracia en Venezuela e Irán.

- Hombre sin plan -

Destrozó el acuerdo sobre el programa nuclear iraní, pero la Casa Blanca no ha ofrecido ninguna clara alternativa posible.

Algunos funcionarios estadounidenses admiten privadamente que cualquier opción militar contra Corea del Norte sería potencialmente desastroso para aliados como Corea del Sur, al alcance del arsenal de armas químicas de Pyongyang.

"Luce como un hombre sin un plan", dijo Thomas Wright, del Instituto Brookings. "Será visto como débil y sin dirección y lleno de fanfarronería", subrayó.

Sobre todo, los críticos de Trump cuestionan si es posible retroceder el tiempo a concepciones que dominaban el mundo menos globalizado de principios del siglo XX.

"La soberanía en nuestra era requiere fundamentalmente de una cooperación cercana con otras naciones y con fuertes instituciones internacionales, lo que el presidente Trump rechaza", dijo el analista del Atlantic Council Barry Pavel, veterano de varios Gobiernos republicanos y demócratas.

Ese pensamiento aún persiste en muchos diplomáticos y militares, que en gran medida han continuado las viejas prácticas a pesar de los nuevos inquilinos en la Casa Blanca.

Incluso miembros del círculo íntimo del mandatario, desde el secretario de Defensa, James Mattis, al vicepresidente, Mike Pence, se han distanciado de los lados más afilados de la retórica de Trump, sin contradecirlo directamente.

Y por ahora, las palabras de Trump no se reflejan en los hechos. Acabó con el acuerdo comercial transpacífico, pero, a pesar de sus críticas, no ha abandonado completamente el Acuerdo de París sobre el clima ni dinamitado el tratado con Irán imponiendo nuevas sanciones.

Eso podría cambiar en los próximos meses si el equipo de Trump traslada discursos como el de la ONU en una estrategia formal de seguridad nacional.

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AFP