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Un puesto de guardia surcoreano con vistas a Kaepoong, en la frontera con Corea del Norte, en una imagen del 8 de enero de 2016

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El ensayo atómico norcoreano pone en el foco a China, pero el gigante asiático tiene tanto miedo de que una caída del régimen de Pyongyang provoque un caos a sus puertas que es poco probable que opte por la presión.

A China le pilló por sorpresa, como al resto del mundo, pero reaccionó de la misma forma que en los tres ensayos atómicos anteriores, expresando su "oposición firme" y pidiéndole que vuelva a la mesa de negociaciones.

Se da por sentado que Pekín se sumará a nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU pese a que la pondría en apuros.

China mantiene en vida de alguna manera al régimen norcoreano suministrándole petróleo y alimentos y sin ella la población de Corea del Norte, muy debilitada ya a nivel alimentario, acabaría completamente desamparada, según la mayoría de los estudios.

Un refuerzo de las sanciones empujaría indirectamente a Pekín a aumentar su apoyo con el fin de evitar a toda costa una crisis en su vecino.

Entre tanto, se alejan las perspectivas de una mejora de las relaciones entre los dos vecinos, otrora "tan cercanos".

En diciembre, corrían rumores de una posible primera visita oficial a Pekín del joven líder norcoreano, Kim Jong-Un, quien a diferencia de su padre y de su abuelo, no se ha dignado a viajar a la capital china en los cuatro años que lleva en el poder.

El inédito concierto previsto en Pekín del grupo pop nacional norcoreano Moranbong parecía una señal prometedora, pero su anulación repentina, sin explicaciones, echó por tierra las esperanzas. Cuatro días más tarde, Kim Jong-Un firmó la orden de disparo nuclear.

- "Muy obstinados" -

El joven heredero de la dinastía comunista, "Kim Jong-Un tiene sin duda la mentalidad de alguien que no tiene nada que perder", estima Wang Dong, profesor de la universidad de Pekín.

El ensayo de una "bomba de hidrógeno", la antevíspera del cumpleaños del líder norcoreano, es una burla a la comunidad internacional y a China en particular y un desafío abierto a las sanciones de la ONU

China suministró el año pasado alrededor de 23 millones de toneladas de cereales y más de 176.000 toneladas de carburante a Corea del Norte, pero "su influencia es cada vez menor, el principal problema es que los líderes en Pyongyang no escuchan. Son muy obstinados", considera el experto chino en relaciones internacionales Zhu Feng.

Pese a los desaires, no se espera que China cambie radicalmente de enfoque, añade. Prueba de ello son las ediciones de la prensa del jueves, que condenan el ensayo nuclear de Pyongyang, pero defienden la negociación como la única salida posible.

- 'Statu quo' por encima de todo -

El margen de maniobra de China es cada vez "más estrecho", estima Yanmei Xie, analista del International Crisis Group.

Pekín puede hacer un llamamiento a resucitar las "negociaciones a seis" con Corea del Sur, Japón, Estados Unidos y Rusia, moribundas desde hace años, pero no se replanteará sus "fundamentos" estratégicos, añade.

Para Pekín, una Corea del Norte con armas nucleares es preocupante, "pero una caída del régimen de Pyongyang conduciría a un caos masivo a sus puertas y potencialmente a una península coreana unificada, con Washington extendiendo su influencia en la frontera china, algo aterrador" para ella, concluye.

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AFP