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El presidente de Cuba Raúl Castro junto con la alcaldesa de París Anne Hidalgo el 2 de febrero de 2016 en París

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Aun sin embarcarse en grandes cambios internos, Cuba cosecha por anticipado su reconciliación con Estados Unidos. Cortejado por inversionistas y gobiernos como Francia, el país vive un esplendor diplomático difícil de imaginar después de décadas de aislamiento.

Quizá la imagen que para los analistas mejor sintetiza la renovada cara exterior de Cuba es la de la inédita visita de Estado que realizó esta semana el presidente Raúl Castro a París, donde recibió una vez más el apoyo de su homólogo Francois Hollande a la causa cubana contra el embargo estadounidense vigente desde 1962.

"Con el fin de la política de aislamiento de Washington - que había fracasado en generar cambios en la isla - Francia se pone a la cabeza de un grupo de países que desean estrechar lazos con Cuba para aprovechar una eventual apertura económica", dijo a la AFP Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un centro de análisis con con sede en Washington.

Asimismo, "ante la parálisis española y el despertar tardío alemán en el tema, Francia es el interlocutor ideal" para las nuevas relaciones de Cuba y la Unión Europea, deterioradas por años por el asunto de los derechos humanos, explica a la AFP Arturo López-Levy, politólogo de la Universidad de Texas Valle del Río Grande.

El gobierno de Hollande encabezó las recientes negociaciones de Cuba con sus acreedores del Club de París que le permitieron una condonación de deuda de 8.500 millones de dólares.

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Pero no solo es la fotografía de Castro con abrigo estrechando la mano de Hollande frente al Palacio del Elíseo, sobre alfombra roja, la que refleja la actual imagen externa de Cuba.

También está como prueba el desfile continuo por la isla de altos funcionarios de Europa y de Estados Unidos, acompañados de inversionistas que no quieren perderse las oportunidades que, creen, ofrecerá este polo turístico en expansión (en 2015 alcanzó el récord de 3,5 millones de visitantes), con mano de obra calificada y ubicación estratégica en el Caribe.

Y el gobierno de Castro podrá sacar todavía más lustre a la diplomacia cubana cuando se concrete en La Habana, posiblemente en marzo, el fin del conflicto armado en Colombia, el único activo del continente y uno de los más prolongados del mundo, tras acoger por tres años las negociaciones entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos.

"Históricamente, Cuba siempre tuvo una proyección internacional mayor a la que su poder relativo indicaría, sobre todo como modelo ideológico de movimientos de izquierda en Latinoamérica y el mundo, y esto incluye sus vínculos históricos con las FARC", recuerda Shifter.

Pero después de la paz diplomática con Estados Unidos, agrega el experto, Cuba es vista como un punto de inversión y comercio, aunque para abrirse una "nueva etapa" en su relación con el mundo todavía le falta realizar "cambios profundos a su modelo económico y político".

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Y ahí está para observadores el verdadero éxito diplomático cubano: lograr acogida en el mundo sin haber "renunciado a su independencia", como señala el gobierno de Castro. O como dirían los analistas: sin haber concretado grandes reformas económicas, peor políticas, o complacido las demandas sobre derechos humanos, más allá de la excarcelación de 53 disidentes a finales de 2014.

"Cuba ha logrado que los temas de derechos humanos no sigan siendo usados como pretexto y obstáculo para promover una relación funcional de muchos actores internacionales con la isla, como era común bajo las presiones y sanciones unilaterales de Estados Unidos", comentó López-Levy.

Raúl Castro emprendió en 2008 una lenta apertura económica en el único país comunista del continente, tras suceder en el poder a su hermano Fidel, y fue artífice, junto al presidente Barack Obama, de la reconciliación de los antiguos enemigos de la Guerra Fría.

Si bien esas transformaciones no repercuten todavía en la mayoría de los 11 millones de cubanos, castigados durante largo tiempo por la escasez, atribuida en parte por el gobierno al embargo estadounidense, Cuba ya logró apaciguar la crítica externa.

"El gobierno cubano espera seguir el ejemplo de países como China, que mantienen buenas relaciones comerciales y financieras con el mundo a pesar de su situación de derechos humanos. Pero dado el peso económico de la isla, le será difícil mantener esa dualidad", anticipa Shifter.

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AFP