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Un iraquí armado verifica los daños ocasionados por un atentado en Sadr City, en el norte de Bagdad, el 17 de mayo de 2016

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El grupo yihadista Estado Islámico (EI) reivindicó varios ataques sangrientos perpetrados en Bagdad en últimos días para demostrar que sigue en la brecha a pesar de los reveses sufridos ante las fuerzas iraquíes en el norte y el oeste del país, según varios expertos.

Al menos 94 personas murieron en tres atentados con coche bomba el 11 de mayo y otras 48 personas fallecieron el martes a causa de una serie de explosiones.

En total, en una semana, más de 150 personas, la mayoría civiles, han muerto en la capital iraquí, en ataques indiscriminados en barrios de mayoría chiita, reivindicados por el EI.

"Actualmente Bagdad está en el punto de mira porque el grupo está a la defensiva" pero "todavía puede perjudicar al poder en pleno corazón de la capital", explica Patrick Skinner, experto del gabinete Soufan Group.

Para el coronel Steve Warren, portavoz de las operaciones de la coalición internacional contra el EI, este recrudecimiento de los ataques se explica por los reveses recibidos en el terreno y por la voluntad del EI de "aprovechar las tensiones políticas en la capital".

Estos atentados ocurren cuando el país se encuentra sacudido por una grave crisis política que perturba el funcionamiento de las instituciones. El primer ministro, Haider al Abadi, no consigue imponer un nuevo Gobierno de tecnócratas, al que se oponen los partidos por temor a perder sus privilegios.

"Es una confluencia sangrienta", destaca Skinner. "La gran presión militar que reciben (los yihadistas) en el terreno, junto a la crisis política, puede provocar un caos extremo", advierte.

En estos últimos meses, el EI ha ido perdiendo terreno en Irak, donde había conseguido controlar grandes zonas en 2014. Las fuerzas iraquíes retomaron, con el apoyo de los bombardeos de la coalición internacional, el control de varias ciudades, como Tikrit y Ramadi, respectivamente, en el norte y en el oeste de Bagdad.

- Fallos en la seguridad -

La capacidad del EI para perpetrar atentados en los barrios chiitas en pleno centro de Bagdad pone en evidencia los problemas de seguridad instaurados para impedir la circulación de combatientes yihadistas, de explosivos y de armas.

Se cuestiona sobre todo la eficacia de los retenes ubicados en los grandes ejes alrededor de la capital, que causan importantes atascos. El control de los documentos de identidad y el registro de los vehículos se efectúa de forma superficial.

Las fuerzas de seguridad siguen utilizando detectores de explosivos que no funcionan. El hombre que había vendido este material al Estado en los años 2000, James McCormick, fue condenado por fraude a 10 años de cárcel en 2013 en Londres.

Además, los soldados y policías siguen mal preparados para reaccionar en caso de urgencia cuando hay ataques. Sus armas, por ejemplo, suelen estar fuera de su alcance cuando se producen los atentados.

Los fallos en el seno de las fuerzas iraquíes salieron a la luz cuando fueron incapaces de resistir la ofensiva lanzada por el EI en 2014. Los yihadistas pudieron hacerse fácilmente con el control de la segunda ciudad del país, Mosul, en el norte.

La coalición contra los yihadistas liderada por Estados Unidos ha entrenado desde entonces a 22.000 miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes. Las tropas están especialmente preparadas para efectuar operaciones destinadas a recuperar los territorios perdidos.

Según Warren y el portavoz del Ministerio iraquí de Defensa, Yahya Rasool, estas fuerzas entrenadas por la coalición no están desplegadas en Bagdad.

Los últimos atentados en la capital han causado estupor en la población, frente a la inacción de las autoridades. Decenas de personas se manifestaron en el lugar del atentado mortífero del 11 de mayo, cerca de un mercado.

Esta situación aumenta la presión contra el primer ministro, que ordenó el martes el arresto de un responsable de seguridad de la zona de Shaab, en el norte de Bagdad, donde se perpetró otro atentado.

Pero, según los expertos, serían necesarios cambios más radicales para restablecer la seguridad en Bagdad.

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AFP