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Una mujer le enseña a un niño una réplica de una platoforma petrolera el 12 de noviembre de 2015 en el museo del petróleo de Stavanger, en Noruega

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En período de vacas flacas, no es para nada desdeñable contar con más de 700.000 millones de ahorro como es el caso de Noruega, que podrá afrontar la crisis petrolera gracias al mayor fondo soberano del planeta.

Noruega, más hormiga que cigarra, ha ahorrado desde los años 1990 la mayor parte de sus ingresos petroleros para perpetuar la financiación de su generoso Estado providencia, independientemente de la coyuntura.

El fondo, invertido en valores y en el sector inmobiliario, se eleva actualmente a 6,96 billones de coronas (unos 734.000 millones de euros), es decir, el equivalente a unos seis presupuestos anuales del Estado noruego o a 1,3 millones de coronas por cada uno de los 5,2 millones de habitantes del reino.

"Vendimos mucho petróleo cuando los precios eran elevados y ahorramos una gran parte del dinero recaudado", explica Ragnar Torvik, profesor de economía en la universidad noruega de Ciencia y Tecnología de Trondheim (NTNU).

"La economía noruega está, por tanto, bien preparada para resistir a una caída del precio del petróleo en la medida que tiene poca incidencia en las finanzas públicas", añadió.

Pese a estos ingresos, los Gobiernos, independientemente de su signo, sólo están autorizados a utilizar el rendimiento de los fondos, estimado en un 4% anual. Las cantidades obtenidas aumentan, sin embargo, a medida que los fondos crecen con la inyección de nuevos ingresos petroleros y por el producto de sus inversiones. Y, todo ello, tan rápido que el actual Gobierno de derecha decidió utilizar únicamente el 2,8% del rendimiento de este año.

"No es un fondo de crisis", es un fondo que deber aportar una contribución al "presupuesto público", subraya Kanut Anton Mork, economista de Handelsbanken, quien precisa que "esta aportación (...) financia actualmente una octava parte de todas los gastos públicos en Noruega". "Es mucho, pero no depende del precio del petróleo, ya que la rentabilidad financiera está detrás de ello", asegura.

La única repercusión financiera en Noruega de la caída de los precios del barril de crudo, que pasó de unos 110 dólares en el verano (boreal) de 2014 a unos 30 dólares actualmente, es en definitiva la desaceleración del crecimiento del fondo soberano. "Esto determina el tamaño que el fondo tendrá finalmente. Pensábamos que seguiría creciendo durante mucho tiempo pero, si el precio del petróleo permanece bajo, no será el caso", explica Mork.

Aunque las finanzas públicas están a salvo de la crisis, la economía real se ve golpeada. El crecimiento, frenado por el retroceso de las inversiones petroleras, es lento y, a un 4,6%, la tasa de desempleo alcanza níveles de hace una década, si bien continúan siendo la envidia de muchos países.

Desde principios de 2014, el sector petrolero ha destruido casi 30.000 empleos, incluso el gigante energético Statoil, y Stavanger, hasta ahora floreciente capital de los hidrocarburos, vive días difíciles.

Para reactivar la economía, el Gobierno presentó una presupuesto expansivo y el Banco Centra de Noruega redujo a la mitad su tasa de referencia.

Para contrarrestar la depresión de la industria petrolera, la corona noruega se devaluó, dopando la competitividad de los otros sectores de la economía.

"Globalmente, la economía noruega no está en crisis", reiteró el lunes pasado la ministra de Finanzas, Siv Jensen.

Las reservas petroleras de Noruega disminuyen y las que quedan son las más difíciles y, por ende, más caras, de explotar. Conscientes de esa situación, los dirigentes insisten desde hace años en romper con la dependencia de los hidrocarburos. La palabra reconversión se convirtió en un 'leimotiv', del cual las energías renovables, las nuevas tecnologías y la acuicultura son un primer ejemplo.

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AFP