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El primer ministro francés, Manuel Valls, se dirige a los periodistas en París el 25 de febrero de 2016

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Criticado dentro de la izquierda en el poder y con su popularidad vertiginosamente a la baja, el primer ministro francés, Manuel Valls, ve desdibujarse su imagen de alternativa a François Hollande para la presidencial de 2017 y más allá, aunque su retiro del cargo es considerado poco probable.

Tenor del ala derecha del Partido Socialista, Manuel Valls es blanco de críticas desde hace semanas a raíz de los proyectos de inscripción en la Constitución del retiro de nacionalidad y de la reforma de la ley laboral.

Su nivel de popularidad se hundió en febrero (-9 puntos) y está ahora en su más bajo nivel desde su entrada en funciones hace dos años (35%), según una encuesta publicada el martes.

Valls empezará el lunes una semana de difíciles negociaciones sobre el proyecto de reforma de la ley laboral, cuya presentación al Consejo de Ministros fue aplazada del 9 al 24 de marzo a raíz de las críticas de los sindicatos y de parte de la izquierda, incluyendo personalidades del gobernante Partido Socialista.

Algunos diputados socialistas empezaron a evocar ya la posibilidad de su partida si esa postergación se convirtiera al cabo de ese plazo en un abandono del proyecto.

"Está claro que el primer ministro está en dificultades. ¿Hasta el punto de dimitir? Eso dependerá del futuro de la ley" del trabajo, estimó el diputado Alexis Bachelay.

Gwenegan Bui, otro parlamentario socialista, considera su retiro posible. "Si retrocede, pierde la cara, si se obstina (habrá) una nueva crisis en la mayoría" de izquierda, y más "dificultades" para el presidente François Hollande.

No obstante, en el equipo presidencial se afirma que "la cuestión no se plantea" y que Valls seguirá siendo jefe de Gobierno hasta 2017. "Para retirarse, no sólo tiene que haber las condiciones sino también tener los medios", afirma un colaborador del presidente.

- Liderazgo de la izquierda -

Nombrado primer ministro en marzo de 2014, cuando gozaba de una gran popularidad, Manuel Valls tiene relaciones sumamente difíciles con parte del Partido Socialista y sus apoyos parlamentarios se cuentan con los dedos de la mano.

"No, él no se irá ¿para qué?", asegura por su parte un allegado del primer ministro. "El único que puede decirle, dándole una palmada en la espalda, esto se terminó, es el presidente" Hollande.

Pero en la fragilización de Valls ciertos socialistas ven la mano del propio Hollande, que se desembarazaría de sus propias decisiones criticadas adjudicándoselas al primer ministro, relegado al "papel del malo", en palabras del senador socialista Gaëtan Gorce. Según este senador, el presidente trata de hacer recaer "la responsabilidad de sus dificultades" en Manuel Valls, con vistas a la elección presidencial de 2017.

Según él, esto lo demuestran las declaraciones anónimas de allegados del presidente que se multiplican en la prensa francesa "reprochando al primer ministro el tratar de llevar al presidente a una vía que él no habría elegido".

"Le echan la culpa acusándolo de ser un ministro autoritario, obstinado y que quiere reformar sin dialogar", lamenta uno de sus allegados. "El interés de Hollande, en un juego perverso, es desvalorizar a Valls y a la vez mantenerlo en el cargo. De alguna manera como lo hizo (el expresidente François) Mitterrand con (su ex primer ministro Michel) Rocard".

Y con ello, un Valls que perdería el liderazgo de la izquierda después de 2017.

En cuanto a la posibilidad de que Valls sea candidato del Partido Socialista en 2017 si François Hollande decidiera no presentarse a un segundo mandato, el líder del PS, Jean-Christophe Cambadélis, no parece entusiasta, ni mucho menos. "En tal caso, sería una nueva situación. Y la palabra del primer secretario que yo soy tendría su peso", dijo.

Valls nació en Barcelona el 13 de agosto de 1962, de padre español (el pintor Xavier Valls) y de madre suizo-italiana. Se nacionalizó francés a los 20 años de edad. Antes de ser nombrado jefe del Gobierno francés se desempeñó como ministro del Interior.

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AFP