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Integrantes de movimientos sociales marchan durante una huelga el 15 de marzo de 2017 en Brasilia

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El gobierno brasileño optó este miércoles por cortar gastos -en lugar de subir impuestos- para ajustar su presupuesto y cumplir su meta fiscal de 2017, año en que pretende superar la peor recesión económica de la historia del país.

El corte de gastos será de 42.100 millones de reales (más de 13.400 millones de dólares al cambio actual), de los cuales 10.500 millones de reales corresponden al programa de inversión en proyectos de infraestructura.

Junto a otras medidas, la reducción de gastos servirá al gobierno para compensar un déficit de 58.100 millones de reales (más de 18.800 millones de dólares al cambio actual) y poder ajustarse a lo que prometió: terminar 2017 con un rojo de 139.000 millones de reales (45.000 millones de dólares) tan solo en el gobierno central.

El ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, anunció que no habrá un alza directa de impuestos, pero sí pondrá fin a algunas exoneraciones tributarias que beneficiaban a los sectores industriales desde 2011, implantadas por el gobierno de izquierda de Dilma Rousseff (2011-2016).

El alivio de algunas cargas tributarias relacionadas con aportes patronales de las empresas "generaba una pérdida fiscal para la Unión. La idea original era que eso iba a permitir una recuperación de la economía, pero no generó los efectos esperados. Ahora eliminamos, en la práctica, esas distorsiones", afirmó Meirelles, timonel del plan de austeridad impulsado por el gobierno conservador de Michel Temer.

La propia Rousseff, destituida por el Congreso el año pasado, admitió recientemente que la medida fue equivocada.

"Cometí, sí, un error. Hice una gran exoneración tributaria, reduje brutalmente los impuestos. Creí, de alguna manera, en una evaluación (que indicaba) que los empresarios invertirían más", afirmó la exmandataria en una entrevista durante una gira por Europa a principios de marzo.

Con el fin de esta exoneración, el gobierno de Temer pretende recaudar 4.800 millones de reales (unos USD 1.500 al cambio actual), informó Meirelles.

Sin embargo, algunos sectores altamente dependientes de la contratación de mano de obra, como transporte, construcción civil, infraestructura y comunicaciones, seguirán gozando de este beneficio.

Brasil atraviesa la peor recesión de su historia.

El Producto Interno Bruto (PIB) de la mayor economía latinoamericana se contrajo un 3,6% en 2016, después de haber retrocedido 3,8% en 2015.

Esos fueron los peores resultados desde el inicio de la actual serie histórica, en 1948. Entre 1929 y 1933, durante la Gran Depresión, el retroceso había sido de 5,3%.

La tasa de desempleo alcanzó 12,6% en enero, cuando 13 millones de personas estaban buscando trabajo.

El equipo económico redujo la semana pasada su previsión de crecimiento en 2017, de 1% a 0,5%.

Después de aprobar una enmienda constitucional que congela el gasto público por los próximos veinte años, el gobierno trata de agilizar en el Congreso una polémica reforma del sistema de jubilaciones y una flexibilización de las leyes laborales para alentar las contrataciones.

AFP