El jefe del movimiento chiita del Hezbolá, Hasan Nasralá, pidió el viernes a sus partidarios que abandonen el centro de Beirut tras los enfrentamientos con manifestantes, en el noveno día de una movilización contra la clase política que tiene a Líbano paralizado.

Los militantes del partido chiita proiraní, cada vez más visibles en las calles desde hace dos días, están hartos de los eslóganes de los manifestantes contra su líder Hasan Nasralá, al que critican como a los demás dirigentes.

Varias decenas de ellos se abalanzaron el viernes por la tarde contra miles de manifestantes reunidos en la plaza Riad al Solh, en el centro de la capital, constató la AFP. Incidentes del mismo tipo ya habían tenido lugar la noche del jueves.

En un discurso retransmitido por televisión, Hasan Nasralá pidió a sus partidarios que se retiren, lo que hizo reducir la tensión por la tarde en la calle.

En cambio, el jefe del Hezbolá advirtió a los manifestantes del posible "caos" y de un "colapso económico" en caso de "vacío" institucional, en alusión a la reivindicación de la movilización que pide, entre otras cosas, la caída del gobierno.

El sábado pasado, Nasralá se había opuesto a una dimisión en bloque del gobierno, del que forma parte el Hezbolá.

Insinuó, además, la existencia de una manipulación externa a la movilización, privándola de su carácter "espontáneo del principio" y lamentó los intentos de los partidos locales por distorsionar el movimiento.

El Hezbolá es el único partido armado en el país en nombre de su lucha contra Israel.

Los enfrentamientos del viernes dejaron varios heridos leves, y llevó a la policía antidisturbios a desplegarse para separar a los dos bandos.

Gritos de "Viva Nasralá" resonaban en oposición al principal eslogan de la protesta "Todos quiere decir todos", en referencia a la petición de renuncia del conjunto de la clase política, acusada de corrupción y considerada incapaz de encontrar soluciones a la crisis económica.

Al día siguiente de que el presidente cristiano Michel Aoun ofreciera un discurso, considerado unánimemente decepcionante, aparecieron decenas de nuevas barricadas en las carreteras, lo que ha reforzado la parálisis del país.

- "Sin elección" -

El bloqueo del eje que une Beirut con el norte del país se mantuvo, e incluso se instalaron enormes lonas azules para proteger a los manifestantes de la lluvia y permitir que algunos pasaran la noche.

"Cerrado por causa de reparación del país", se podía leer en algunas pancartas, mientras que mensajes en otros carteles exigían el reemplazo inmediato de una clase política que prácticamente no ha cambiado desde el final de la guerra civil (1975-1990).

Issam, un directivo médico de 30 años, está decidido a continuar, a pesar de que se prolongue el cierre de bancos, escuelas y universidades que tienen al país en punto muerto.

"Seguiremos hasta la caída del régimen. No tenemos elección, el pueblo tiene hambre", afirmó. Las necesidades básicas, como el agua, la electricidad y el acceso a la sanidad universal, no están garantizados en Líbano.

En un comunicado, el ejército lamentó "algunas prácticas abusivas e ilegales", y pidió "respeto a la libertad de circulación".

La oenegé Amnistía Internacional instó a las autoridades libanesas a tomar todas las "medidas para respetar el derecho de los manifestantes, incluido el bloqueo legítimo de las carreteras".

- Infiltración -

El discurso del presidente Michel Aoun, el jueves, es el primero desde el comienzo del levantamiento, desencadenado el 17 de octubre tras el anuncio sorpresa de un impuesto a las llamadas realizadas a través de la aplicación Whatsapp, que fue anulado de inmediato.

El general retirado de 84 años propuso reunirse con "representantes" de los manifestantes, aunque el movimiento espontáneo no tiene líderes o portavoces.

Aoun dio su apoyo al plan de reformas que presentó el lunes el primer ministro Saad Hariri, y que fue rechazado inmediatamente por los manifestantes. Hariri sugirió un próximo cambio ministerial, la única idea seria de su discurso según la prensa.

Una paralización prolongada en el tiempo podría llevar a que el movimiento se deteriore, según los medios.

El diario Al Akbar, cercano a Hezbolá, advirtió en primera página sobre "el riesgo de caos".

Los manifestantes dijeron que son conscientes de los intentos "de infiltración" del movimiento.

"Quieren dividirnos pero no lo lograrán. Lo que nos motiva es saber que estamos juntos en la calle, no solo en Beirut, sino también en Nabatiye, en Tiro, en Trípoli y en otras partes", declaró Fares Halabi, un investigador de 27 años.

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