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Unos musulmanes rohinyás cargan bambú en el campamento de refugiados de Kutupalong, en Bangladés, el 21 de septiembre de 2017

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El jefe de las Fuerzas Armadas de Birmania, el general Min Aung Hlaing, acusó este sábado a los militantes rohingyás de haber colocado una bomba de fabricación casera en una mezquita el viernes cuyo estallido no causó víctimas.

En un comunicado publicado en Facebook, el general declaró que unos militantes de esa minoría musulmana colocaron una "mina casera" que estalló el viernes delante de una mezquita de la localidad de Mi Chaung Zay, una comuna de Buthidaung (oeste).

Según el uniformado, los militantes quieren hacer partir a los 700 habitantes que se quedaron en el pueblo.

"Cuando nuestros lugareños no querían partir de sus hogares, los terroristas hicieron estallar su bomba a la hora de la oración para aterrorizar al pueblo", según el comunicado.

"Es una acción del grupo terrorista ARSA", agregó utilizando el acrónimo del grupo Ejército de Salvación de los Rohingyás del Arakán, rebelión organizada que surgió en octubre de 2016 y cuyos ataques de agosto provocaron la represión de las Fuerzas Armadas.

La explosión no dejó víctimas, pero debido a la veda del gobierno, el acceso a la zona no es posible.

El estado birmano de Rakáin está sumido en la violencia desde que el 25 de agosto unos grupos rebeldes rohinyás atacaron varias comisarías y desataron la represión del ejército.

En las últimas semanas, más de 429.000 musulmanes rohinyás han abandonado Rakáin y se han refugiado en Bangladés, en medio de lo que la ONU, activistas de derechos humanos y algunos líderes del mundo también denominan una campaña militar de "limpieza étnica".

Por su lado, una organización de defensa de los derechos humanos acusó al ejército de provocar incendios en la zona para impedir el regreso de los refugiados.

El viernes, Amnistía Internacional dio cuenta de nuevos vídeos e imágenes de satélite que confirman que los incendios continúan devastando localidades rohingyás.

Este sábado, Human Rights Watch repercutió acusaciones según las cuales las fuerzas de seguridad birmanas instalaban minas a lo largo de la frontera con Bangladés, que los refugiados cruzan para escapar a la represión.

Desde que comenzó el brote de violencia a finales de agosto, decenas de miles de budistas e hindúes han dejado la zona. Pero los asociaciones de defensa de los derechos humanos dicen disponer de pruebas que indican que la operación del ejército favorece la expulsión sistemática de los rohingyás.

Según los datos gubernamentales de Birmania, un 40% de las localidades rohingyás en el norte del estado fueron totalmente abandonadas en el último mes.

Los habitantes que se quedaron, reagrupados en pequeñas comunidades musulmanas aisladas, se encuentran aterrorizados y sin ninguna ayuda, según el último comunicado de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

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AFP