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Una mujer llora ante el Café 'La Belle Equipe', en la calle de Charonne parisina, el 16 de noviembre de 2015

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Tras los atentados yihadistas de París, crece el temor de que la sociedad francesa abandone sus valores tradicionales por culpa del miedo.

"No tenemos miedo" a nuestros "enemigos", "pero debemos temer los sentimientos que podrían infundirnos: el sentimiento del miedo que tergiversa, de la cólera que deforma y de la duda que divide", declaró el lunes la alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo. El minuto de silencio del lunes se observó sin ningún incidente destacado en las escuelas y institutos, a diferencia de lo que ocurrió en enero pasado en algunos barrios populares tras los atentados contra Charlie Hebdo.

"Cualquier joven se siente afectado por el hecho de que se ametrallen terrazas de cafés o un concierto", dijo Philippe Tournier, dirigente de un sindicato de directores de centros educativos.

La mayoría de las víctimas de los ataques contra la sala de espectáculo Bataclan y los cafés de una zona popular del noreste de Francia eran jóvenes trabajadores o estudiantes, de diversos orígenes sociales o étnicos.

Según el sociólogo Michel Wievorka, esos jóvenes "fueron asesinados por gente que odia su estilo de vida", gente nacida "en nuestra sociedad que generó a marginados llenos de odio y resentimiento entre una pequeña parte de la juventud".

Tres kamikazes también se hicieron estallar cerca del Estadio de Francia, al norte de París, en lo que parece ser un intento fallido de provocar una matanza entre los espectadores que asistían a un partido de fútbol.

Los yihadistas atacaron "el eslabón débil de nuestra sociedad debilitada por los precedentes atentados y los discursos sobre seguridad, lo que sigue siendo igualitario, diverso, democrático en nuestra sociedad", opina el filósofo Michael Foëssel.

"El objetivo de los terroristas es claro: crear divisiones, violencias, para demostrar la imposibilidad de esta diversidad (...) Su estrategia consiste en acabar con los puntos de resistencia que ya estaban debilitados por el discurso del choque de civilizaciones", añade.

- 'No es una guerra' -

Esos dos intelectuales están preocupados por el discurso del poder político, centrado en la seguridad. Según ellos, esto podría dañar los valores de libertad y democracia de la sociedad francesa.

"Cuando se impone la palabra 'guerra', ya no se puede decir nada", se indigna Foëssel. "Pero esto no es una guerra. Son actos de terrorismo, cuyos autores quieren imponernos una guerra (...) Todo lo que atenta contra la libertad es contraproducente", lamenta.

"El vocabulario de la guerra contra el terrorismo es un vocabulario peligroso porque evoca los errores de George W. Bush y Tony Blair" para justificar la invasión de Irak, subraya Wievorka.

En su discurso ante el Parlamento el lunes, el presidente francés, François Hollande, utilizó la palabra "guerra" en varias ocasiones. "Francia está en guerra" y "estamos en una guerra contra el terrorismo yihadista", dijo.

En París se ha instalado el miedo. En la rue de Charonne, donde los yihadistas mataron a 19 personas en el café 'La Belle Équipe', Frédéric Ittah, de 48 años, confiesa que no se siente "protegido". "Los franceses tienen que darse cuenta de que estamos en tiempos de guerra", afirma este propietario de una tienda de alimentación. "Vamos a cambiar mucho nuestras costumbres, empezar a no salir mucho por la noche", asegura Hamideche Dorea, otra habitante de esa calle.

Wievorka cree que para no dejarse acorralar por el miedo, "la sociedad necesita pensar, debatir junta".

AFP