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Un joven israelí armado camina con una chica en una calle comercial cercana a la ciudad vieja de Jerusalén, el 23 de octubre de 2015

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Pese a gestos como el dueño de un restaurante de Tel Aviv, que ofrece un descuento a sus clientes judíos y árabes que compartan la misma mesa, la ola de violencia entre israelíes y palestinos pone en peligro las interacciones sociales más comunes.

Las iniciativas como la de ese empresario judío son una forma de resistir al miedo y a la suspicacia, pero al final parecen irrisorias frente a los gestos de desconfianza y animosidad que se repiten desde el inicio de la ola de ataques con cuchillo contra israelíes. Y la muerte de tres israelíes en dos ataques con arma de fuego en las últimas semanas no ha hecho más que aumentar el recelo.

El lunes, un árabe israelí, una comunidad (17,5% de la población) en su mayoría solidaria con los palestinos de los Territorios ocupados, abrió fuego en una estación de autobuses del sur de Israel. En el incidente, un eritreo, confundido con un agresor, resultó herido de bala. Mientras yacía en el suelo, fue golpeado por una multitud colérica y declarado muerto en el hospital.

Desde hace mucho tiempo las autoridades han intentado mostrar la diversidad de la sociedad israelí pero, para los analistas, con la violencia actual, el ideal de armonía social parece cada día más una ficción.

En las calles, los israelíes están constantemente en alerta por temor a un ataque repentino con cuchillo o arma de fuego, por lo que son cada vez más numerosos los que compran armas.

Por su parte, a los árabes israelíes y a los palestinos les preocupan las reacciones excesivas de la policía y los riesgos de linchamientos por multitudes que piden venganza, al grito de "¡Muerte a los árabes!", como ha sido el caso en varios ataques.

- "Tranquiliza a mi madre" -

Hosam, un estudiante palestino de Jerusalén Este, parte palestina ocupada y anexada por Israel, ha tenido que adaptarse a las nuevas circunstancias. Ahora caminar con las manos en los bolsillos puede ser peligroso, cuenta, porque "para ellos (los israelíes) quiere decir que llevo un arma".

Para ir a su trabajo en un restaurante de Jerusalén Oeste, prefiere tomar un taxi. "Tranquiliza a mi madre", dice.

Dana, una madre judía de 44 años que prefiere no dar su apellido, admite tener miedo de salir a la calle. "¿Cómo es posible que un niño de 13 años apuñale a otro de la misma edad?", se pregunta, consternada por un atentado palestino cometido el 12 de octubre en Jerusalén.

Su marido es un empresario de la construcción. "Despidió a 18 empleados (árabes) y sólo conservó a dos porque tenía miedo de que uno de ellos lo apuñalara. Los reemplazó por judíos, le va a costar dos veces más caro, pero por lo menos se sentirá seguro".

Por su parte, la municipalidad de Tel Aviv, prohibió el acceso a las escuelas a los empleados de limpieza durante las horas de clase, por miedo a atentados. La mayoría de estos empleados son árabes. Esta decisión fue también tomada por otras ciudades.

En Jaffa, un barrio mixto por lo general animado del sur de Tel Aviv, los comerciantes árabes han perdido la sonrisa. En sus tiendas, vacías, algunos dicen a la AFP ser víctimas de un boicot no oficial por parte de sus clientes habituales israelíes.

- Comportamientos más duros -

Contra estos gestos que amenazan con llevar años atrás a los israelíes, judíos y árabes, algunos intentan conservar la coexistencia.

Sin embargo van en contra de una tendencia profunda de endurecimiento de los comportamientos, especialmente entre los árabes, según Sammy Smooha, profesor árabe israelí de sociología de la Universidad de Haifa, y autor de un estudio sobre las relaciones entre árabes y judíos.

El porcentaje de árabes que no están dispuestos a tener amigos judíos se ha duplicado entre 2003 y 2012, hasta alcanzar un 28%, de acuerdo a Smooha. Este fenómeno también se observa entre los judíos, pero según él, menos.

AFP