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En el último revés, Donald Trump vio cómo tres senadores oficialistas torpedearon meses de esfuerzo y siete años de promesas republicanas de terminar con el Obamacare

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El Gobierno de Donald Trump hace agua por todos lados. El presidente estadounidense sufrió una humillante derrota en el Senado con la reforma sanitaria, las rivalidades que minan a sus colaboradores toman luz pública y el escándalo con Rusia envenena su mandato.

En el último revés, Trump vio cómo tres senadores oficialistas torpedearon meses de esfuerzo y siete años de promesas republicanas de terminar con el Obamacare.

Esta madrugada, fue el veterano senador John McCain, héroe de la guerra de Vietnam recientemente diagnosticado con cáncer cerebral, quien acabó con las últimas esperanzas de los republicanos de derogar y reemplazar rápidamente la reforma insignia de Barack Obama.

Poco más tarde, Trump, que había prometido resolver el tema apenas llegara a la Casa Blanca, pareció querer tomar distancia de la catástrofe.

"Tres republicanos y 48 demócratas abandonan al pueblo estadounidense. Como dije desde el principio, que Obamacare implosione y luego negociamos", escribió el mandatario en Twitter.

El presidente -y los líderes del partido- fueron incapaces de conciliar las posiciones de conservadores y moderados.

Los primeros querían simplemente suprimir el Obamacare y los segundos se negaban a una derogación parcial por temor a afectar a sus votantes con una decisión que arriesga dejar sin seguro de salud a unas 20 millones de personas, de acuerdo con las proyecciones oficiales.

Nadie parecía saber este viernes cómo seguirá el tema.

- Esquizofrenia paranoide -

Pero las maniobras políticas en el Congreso y los enormes problemas humanos y económicos relacionados con la reforma del sistema de salud dieron paso además a un extraordinario muestrario de luchas intestinas en la Casa Blanca.

El flamante director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci, atacó con vulgaridad extrema a funcionarios de la presidencia, entre ellos a su rival, el jefe de gabinete, Reince Priebus, a quien tildó de "puto esquizofrénico paranoide".

Todo Washington no daba crédito mientras devoraba la entrevista con el New Yorker a quien desde hace apenas una semana es la nueva cara de la presidencia tras la salida de Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca, cuyos errores tenían cansado a Trump.

Scaramucci, furioso por un tuit de un reportero de la revista, lo llamó y le descargó una andanada de insultos contra sus colegas sin tomar la precaución elemental de pedir que la conversación fuera confidencial.

También atacó a Steve Bannon, asesor cercano al presidente y controvertida figura de la ultraderecha estadounidense, con groseros comentarios sexuales.

Cuando asumió, "Mooch", como le gusta ser llamado, había seducido a la prensa con su historia de éxito.

Nacido en Long Island (Nueva York) en una familia de inmigrantes italianos de clase media y diplomado en Harvard, con pasado en Goldman Sachs, un fondo de inversión para los clientes ricos, Scaramucci es uno de los grandes donantes del Partido Republicano.

Encantador, elocuente, elegante, parecía prometer un nuevo comienzo a la caótica comunicación presidencial, a menudo marcada por los incendiarios tuits del propio Trump.

Ante el escándalo, Scaramucci pareció querer reparar el daño: "A veces utilizo lenguaje colorido. Me abstendré en este contexto, pero no renunciaré a la apasionada lucha por el programa de @realDonaldTrump", tuiteó el financiero de 53 años.

- La reacción de Moscú -

Para complicar aún más la vida a Trump, el Senado aprobó el jueves, casi por unanimidad, sanciones contra Rusia por haber interferido en la última elección presidencial.

El presidente, que intenta desde su elección mejorar las relaciones con Rusia, para disgusto de muchos legisladores que ven en Moscú un adversario más que un socio, podría vetar el texto, pero sería una solución a corto plazo ya que el Congreso podría levantarlo.

En general, los presidentes se evitan esa humillación optando por un respaldo tardío a la legislación.

Y este viernes, Rusia reaccionó. Moscú ordenó a Washington reducir a partir del 1 de septiembre su personal diplomático en Rusia a 455 efectivos, e impidió la utilización por parte de la delegación norteamericana de una residencia en la periferia de la capital rusa y de varios almacenes.

El presidente ruso, Vladimir Putin, había prometido una respuesta a la "insolencia" de Estados Unidos.

La Casa Blanca por ahora no se ha pronunciado sobre la decisión de Moscú.

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AFP