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Las banderas ondean en la nueva sede de la OTAN en Bruselas, el 25 de mayo de 2017

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A falta de una parte de sus equipos de comunicación, Bélgica entregó oficialmente este jueves a la Alianza Atlántica su nuevo cuartel general de más de mil millones de euros, un edificio "magnífico" para el presidente estadounidense Donald Trump.

"Nunca pregunté cuánto ha costado esta nueva sede. Rechazo hacerlo, pero es magnífico", bromeó durante la ceremonia de entrega de llaves el ex magnate del sector inmobiliario.

Este "cuartel general del siglo XXI para una Alianza del siglo XXI", según proclama la OTAN en su página web, cuenta con ocho largas alas que forman una nueva referencia visual en el paisaje arquitectónico de la capital belga.

La forma del edificio de cristal y acero, de 240 metros de longitud, 32 metros de alto y 45 de largo, evoca dos manos cruzadas, símbolo del vínculo transatlántico, aunque Rusia, con la que la OTAN mantiene una relación tensa, lo ve más como la insignia de las SS.

Y, a la entrada, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente estadounidense, desvelaron un fragmento del muro de Berlín y fragmentos de las Torres Gemelas, atacadas el 11 de septiembre de 2001 y símbolo de una "lucha contra el terrorismo" que Trump marcó como una prioridad para la Alianza.

- Medio siglo de temporalidad -

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, recordó que los atentados del 11 de septiembre constituyen hasta ahora la única vez en que un país invocó el Artículo 5 del Tratado de Washington, que prevé la defensa mutua de todos los aliados en caso de agresión.

"Uno para todos y todos para uno", aseguró Stoltenberg junto a un Trump que, por su parte, no confirmó su compromiso con este principio de defensa común como esperaban sus aliados.

Los dirigentes acudieron a continuación a una zona bautizada como "Ágora", en homenaje a las plazas públicas de la antigua Grecia, donde los ciudadanos debatían sobre los asuntos de la ciudad.

"Las paredes de cristal del edificio simbolizan la transparencia, para que el público pueda ver todo", estimó un responsable de la OTAN, aunque las principales reuniones se celebran tradicionalmente a puerta cerrada.

El edificio futurista, cuya construcción se decidió en 1999, se sitúa frente a la sede actual, de diseño mucho más banal, en las afueras de la capital, cerca de la carretera que lleva al aeropuerto internacional de Zaventem.

Tras el fin de la Guerra Fría y con la apertura hacia los países de Europa del Este, los miembros de la Alianza consideraron necesario sustituir los edificios "temporales" en los que se había instalado la OTAN en 1967, tras abandonar repentinamente París después de que Francia se retirara de las estructuras militares de la organización.

Cuando comenzó la obra en diciembre de 2010, se esperaba que los 4.200 empleados y diplomáticos de los países miembros pudieran trasladarse al nuevo edificio en 2015. Pero la construcción sufrió varios retrasos, que generaron un coste adicional de más de 300 millones de euros, pagado por los Estados de la organización.

- Abanico de amenazas -

En los últimos meses, la obra volvió a retrasarse a causa de problemas relacionados con la instalación de sistemas de comunicación muy sofisticados. El objetivo es ahora trasladar definitivamente al personal de la antigua a la nueva sede después del verano.

Desde el principio, los arquitectos tuvieron que tener en cuenta el incremento de la amenaza terrorista tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Las fachadas y las superficies acristaladas son a prueba de explosiones, y el edificio incorpora un sistema antiintrusión y un perímetro de seguridad.

La OTAN también debe garantizar la inviolabilidad de sus instalaciones en el ciberespacio, en un momento en que se acusa a la Rusia de Vladimir Putin de llevar a cabo pirateos informáticos contra varios objetivos aliados, entre ellos Estados Unidos.

La emergencia de poderosas organizaciones yihadistas como Estado Islámico (EI), que reivindicó los sangrientos atentados de París en 2015 y Bruselas en 2016, también preocupa por su gran actividad en internet.

La mudanza, que incluye 42 kilómetros de archivos, no será placentera, máxime cuando el Consejo del Atlántico Norte, su órgano dirigente, dice poder continuar funcionando sin interrupción.

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AFP