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El ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi acude a un prograqma de televisión el 24 de abril de 2014 en Roma

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El ex primer ministro y magnate de las comunicaciones italiano Silvio Berlusconi cumple el jueves 80 años y confiesa que quiere encarar el otoño de la vida como un patriarca, rodeado de la familia y lejos de la política.

"Tengo cinco hijos y diez nietos. Eso me convierte en un patriarca. Eso me siento", confesó el multimillonario italiano en una larga entrevista concedida al director de la revista de corazón Chi (Quién), su amigo personal Alfonso Signorini.

"Lo que he entendido y que tal vez es lo más importante, es que voy a pasar más tiempo con mis hijos y nietos", dice el magnate, propietario del semanario.

"Ellos son mi futuro", reza la portada de la publicación sobre una foto del magnate con sus nietos, en lo que podría ser interpretado como un testamento, un adiós a la vida pública.

El otrora hombre más poderoso de Italia, que dominó la política por lo menos durante dos décadas, que tuvo una vida disipada y protagonizó numerosos escándalos judiciales y sexuales, llega a los 80 años flaco, retocado por varios liftings y más sensato.

Después de haber sido sometido a una delicada operación de corazón a mediados de junio para sustituir una válvula aórtica, Berlusconi se refugió en su mansión de Milán y evita aparecer en público.

Con tono de balance, Berlusconi admite que nunca pensó en la edad, "al contrario me sentía siempre de 40 años, lleno de curiosidad y con ganas de hacer cosas", contó.

"La enfermedad llegó de forma inesperada. Y después de la operación me llegó también la clara conciencia de que soy un hombre de 80 años", revela sin pudor.

Distanciado de la política y de su misma empresa, sin manejar las riendas de su amado equipo de fútbol (Milán) que vendió a unos empresarios chinos, ni del partido que fundó (Forza Italia), el magnate anuncia su retirada y se desnuda ante los lectores.

- "La política nunca me apasionó" -

El hombre que hizo de la simpatía su arma secreta, capaz de comunicar como pocos con el italiano de la calle, llegando a ser durante dos décadas el "líder máximo" de la derecha italiana, admitió que "la política nunca me apasionó".

"Me hizo perder mucho tiempo y energía, y si decidí lanzarme a la arena, era simplemente para impedir que los comunistas llegaran al poder" dice.

El anticomunista convencido se siente hoy en día traicionado y no deja delfines.

"Si lo pienso bien, no tengo un sólo amigo en la política. Pero no soy una persona rencorosa. El que traiciona no me ha traicionado a mí, sino a sus electores", dice.

Una confesión amarga, una estocada para los cientos de políticos que construyeron carreras y fortunas a su lado y que se han aliado en algunos casos con el centroizquierda contra su voluntad para seguir en el poder.

El diario Il Corriere della Sera, sin embargo, no excluye que proyecte un nuevo proyecto político, ya que su movimiento, sin su liderazgo, está desapareciendo.

Ante la avalancha de mensajes y telegramas que comienza a recibir, el magnate ha pedido que no le hagan regalos ("si quieren, hagan beneficencia") y anunció que lo festejará con una comida en su residencia en compañía de su familia y de su joven novia, cincuenta años más joven, la tercera mujer de su vida después de las dos primeras esposas.

"El amor ha sido importante, pero mis compromisos de trabajo siempre me absolvieron", explicó.

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AFP