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Multitud de gente corre tras el papa Francisco, a su llegada al colegio de Koudoukou, para conocer a los miembros de la comunidad musulmana, después de visitar la gran mezquita del barrio de PK5, en Bangui, el 30 de noviembre de 2015

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Refugiados en el barrio PK5, bajo la amenaza constante de las milicias armadas cristianas, los musulmanes de la capital de República Centroafricana recibieron triunfalmente este lunes al papa, quien les devolvió la "esperanza".

"Creíamos que todo el mundo nos había abandonado, pero él no. Él quiere también a los musulmanes. Estoy muy feliz", confesó Idi Bohari, un anciano ataviado con una túnica blanca resplandeciente pese al polvo levantado al paso de los vehículos blindados de la ONU.

Miles de personas se congregaron a lo largo de la carretera, algunos mostrando la bandera amarilla y blanca del Vaticano en una mano y su rosario en la otra, bajo la vigilante mirada de decenas de cascos azules de la Minusca (misión de la ONU para la estabilización de la República Centroafricana) encargados de controlar la zona.

La etapa en Bangui era especialmente sensible a causa de los enfrentamientos que oponen a menudo a jóvenes musulmanes cercanos a la exrebelión Seleka y a milicias cristianas antibalaka, que han causado más de 100 muertos en Bangui desde finales de septiembre.

- 'Hacer las paces definitivamente' -

Ousmane Abakar, portavoz de la comunidad musulmana de Bangui, piensa lo mismo. "Ha llegado el momento de hacer las paces definitivamente", después de dos años de caos que han devastado la República Centroaficana. "No debemos aceptar ser manipulados, advierte, pues no se trata de un conflicto confesional, son los políticos quienes instrumentalizan a nuestros compatriotas y al final es el pueblo centroafricano el que pierde".

Casi cada día, historias de jóvenes musulmanes o cristianos "asesinados" por el campo contrario recorren la ciudad. ¿Hechos demostrados o simples rumores? Tanto es que la tensión aumenta de inmediato y en los barrios implicados, barricadas hechas con neumáticos y palés de madera impiden la circulación, paralizando toda la capital.

En la avenida Barthelemy Boganda, que lleva al PK5, una parte de la carretera desierta, que bordea casas con los tejados calcinados, separa los barrios cristianos de las posiciones de los grupos de autodefensa musulmanes. La mayoría, con edades de apenas 20 años, vigilan la entrada de cada callejón de tierra rojiza.

"Debemos proteger a los habitantes, musulmanes y cristianos. Aquí al menos vivimos bien juntos, mientras que allí no puede vivir ningún musulmán (en zona cristiana), incluso salir del PK5 es un problema", aseguró Faiçal Amadou, uno de los responsables de los comités de autodefensa.

- 'Condenados a vivir juntos' -

Cerca de cientos de católicos y protestantes -entre 300 y 500 según las fuentes- conviven en efecto con los musulmanes del PK5.

Es el caso de Lazare Ndjadder, de unos 60 años. "Siempre hay momentos de miedo, sobre todo a causa de pequeños bandidos o de atracadores, pero yo no me he sentido nunca inseguro aquí, es mi casa", dijo con una gran sonrisa.

"Muchos somos 'mestizos': mi madre es cristiana y mi padre es musulmán", ahondó Amadou Kolingba, que lleva el apellido del antiguo presidente -cristiano- André Kolingba (1981-1993).

En cuanto a Ibrahim Paulin, portavoz de los desplazados instalados en el patio de la mezquita, él explica que se ha "islamizado" (convertido) después de diferentes experiencias religiosas.

Rebecca Tounsou, que frecuenta una iglesia evangelista, matiza. "Los jóvenes (cristianos) no están seguros. Mis hijos han huido del barrio, fueron increpados, es peligroso, pues hay muchas armas circulando", a pesar del mandato de las fuerzas internacionales Minusca (10.900 hombres) y francesas Sangaris (900) para desarmarlos.

Cristianos y musulmanes están sin embargo "condenados a vivir juntos", reafirmó este lunes el gran imán Nahib Tidjani delante del papa Francisco. Y no es casualidad si el soberano pontífice decidió realizar una escala imprevista en la escuela primaria de Koudougou reabierta hace sólo dos semanas, donde aprenden juntos niños cristianos y musulmanes.

AFP